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Collage por Iris Echeverry

El Trance Factory: la nostalgia del raver noventero

Daniela Castro

Daniela Castro

Esta es la historia detrás del CD que a muchos los inició en la electrónica y a otros los puso a bailar hasta en salones comunales.

Collage por Iris Echeverry

Queridos Millennials. Estimados jóvenes-adultos que vivieron todo el furor noventero: ya estamos viejos. El paso de los años nos ha botado el peso de la vida real en la cara, además de provocarnos guayabos cada vez más satánicos. Pero no todo es malo, gracias al paso del tiempo es que podemos tener el placer infinito de sentir nostalgia. ¿Quién no sonríe de oreja a oreja cuando recuerda cómo jugaba con tazos, piquis o trompitos? ¿O quién recuerda sentarse a escuchar radio hasta que saliera su canción preferida para poder grabarla y armar una playlist para escuchar en el Walkman camino al colegio?

Mejor aún, revivamos la mágica época de las fiestas de salón comunal, cuando todavía estábamos muy chiquitos para salir solos y nuestras mamás nos llevaban hasta la puerta. Los niños solían llegar hediondos a colonia de Calvin Klein, anhelando ese primer contacto con una niña bien linda. Lo típico era que ellos estuvieran a un lado y niñas al otro, hasta que empezaba a sonar un reggaeton de La Factoría y el peladito más avispado, que con frecuencia era el que mejor se paraba el pelo, sacaba a bailar a la niña más linda, dando ejemplo para que los demás también se lanzaran a hacerlo.

Y luego a alguien se le ocurría la maravillosa idea de sacar un CD, desde cuya carátula un inconfundible personaje amarillo, que usa gafas y un gorrito, nos sonríe extasiado. Comenzaba a sonar el Trance Factory, conocido por muchos como el compilado que los inició en la música electrónica y los raves inocentes, sirviendo de licencia para que los niños hicieran sus bailes y salticos charros en la mitad de la pista. Algunas se limitaban a mirarlos y reírse, y otras más despiertas bailaban en un circulito virginal mientras alguna de estas canciones ambientaba el jolgorio:

Playlist del Trance Factory Vol. I

Tracklist del Trance Factory Vol. I, 1998.

Pero, ¿cómo llega el Trance Factory a permear en las fiestas de salón comunal? ¿Cómo es que se vuelve tan popular?

La culpa es de ToCo, sello holandés representado en Colombia por Jorge Torrijos. Jorge era DJ de la estación de radio 88.9 junto a DJ Fruto, y de La Mega junto a Jorge Marín, donde participaba en los programas de fin de semana antes de ser promotor de otros proyectos. Cuando Torrijos comenzó a representar a ToCo, empezó a tener acceso a la música electrónica europea y a sus artistas, y así los puso a sonar en la radio nacional, además de traerlos a fiestas en el país.

Torrijos nos cuenta que por esa época se popularizaron las 'minitecas', distintas a las fiestas de salón comunal para menores. La Ley Zanahoria, que rigió a finales de los noventa e inicios de 2000, obligaba a bares y discotecas como Colors, Jinetes, Cinema o Gótica a cerrar a las 1:00 am. Pero hecha la ley, hecha la trampa. Estas minitecas de las que habla Torrijos eran fiestas de adultos, semi-clandestinas, que comenzaban cuando los bares ya habían cerrado y terminaban con la salida del sol. Según Torrijos, los organizadores de minitecas para adultos más famosas eran The Factory, manejada por el sello ToCo y La Mega, Best Elite y New Concept. "Los montajes eran muy grandes, con sonido y luces profesionales de calibre de concierto", cuenta Jorge.

El tipo de raves que Torrijos pudo darse el lujo de traer a Colombia desde lugares como Nueva York, Londres y Berlín, impregnados de puro house, trance y eurodance, tuvieron una gran acogida entre el público local. Así creó el primer CD compilatorio del Trance Factory, que puede considerarse el pionero de los compilados de trance, y tuvo una rápida acogida entre otros sellos que se sumaron a la idea. Algunos de ellos fueron Fabio Acosta de EMI (con After Party) y Gabriel Odín de BMG (con Aguja y Vinilo).

Los compilados de Trance Factory traían joyas de la música electrónica como "Fórmula 1" de DJ Visaje, "Fax U" de K.K System y "Alarma" de 666, tracks que sacudían los salones comunales y ponían a saltar a todos quienes los escucharan.

El fenómeno del Trance Factory no hubiera sido ni la mitad de popular de haber nacido un par de años después. "Vendimos muchos CDs en la época donde el mercado musical lo permitía. Fue antes de que se diera toda la evolución a lo digital", dice Torrijos. Es por esto que el Trance Factory se volvió tan popular y su música no reside exclusivamente dentro de las minitecas de los adultos, sino que permeó las verdaderas minitecas para niños en salones comunales o sociales.


Para revivir aún más la nostalgia comunal, encontramos testimonios de personas amantes de la electrónica que recuerdan el paso del Trance Factory por sus infancias. Hans Collantes, por ejemplo, un raver consolidado que posee una de esas memorias afiladas, recuerda que a sus 11 años le fue difícil conseguir el compilado porque en ese entonces era carísimo comprar CDs, así que se lo pidió a su mamá de cumpleaños. "Me acuerdo que le saqué copia en casete para poderlo escuchar en el walkman cuando iba en la ruta", dice Hans.

Alejandro González, quién se inició en la electrónica con el amado compilado, cuenta que su mamá, cuando aún era estudiante universitaria, trajo el CD a la casa. "Yo era muy pequeño aún cuando eso salió, pero me acuerdo que daban los CDs a cambio de tapas de gaseosa Postobón o venían con compras del periódico o revistas", narra Alejandro. Pero él no fue el único. Walter Gómez, un DJ que se ha dedicado a la música electrónica toda su carrera, comenta que fue a través de su hermano mayor que los volúmenes del compilado llegaron a sus manos cuando tenía 8 años, y que desde entonces supo que esa sería su vocación. A ellos se unen Oscar Farfán (TRIDEX DJ), David Sepúlveda, Jimmy Ramírez (DJ Jimmy Ramírez) y Diego Ruiz que recuerdan con nostalgia al Trance Factory.

Diegomystique Herrera, un DJ residente en Argentina que vivió los noventa tocando acá en Colombia, se sumó a nuestro viaje en el tiempo y nos contó cómo el compilado influenció lo que pasaba detrás de los decks. Él asegura que los compilados de trance que sacaban casas como Sonolux y BMG eran lo que más sonaba en las discotecas y las minitecas, y que además las disqueras le regalaban los acetatos promocionales para que los tocara. "Esto fue lo que más influenció a los DJs que recién estábamos empezando", añade.

Diego recuerda una discoteca por Chapinero que se llamaba Discovery en la que solían poner los hits de los compilados. A partir de las etiquetas que le ponían a algunos tracks, muchos DJs se motivaron a investigar más a fondo los nuevos estilos musicales que estaban llegando. "De todo lo anterior salieron DJs, como en mi caso, que nos dedicamos a tocar música más especializada", añade Diego.

El Trance Factory "acercó a muchas personas a la música electrónica", confiesa el DJ. A partir de una de las canciones del Trance Factory, el DJ nos confiesa que se enamoró del techno.

Y es que al final del día, esa es la vuelta con este gran CD; su llegada impactó a pequeña o gran escala a todo quien lo escuchó. Muchos ravers iniciados en los noventa tendrán historias para contar acerca de la música reunida en el Trance Factory, y recordarán la mueca de su carátula con especial nostalgia, recordando cómo sus amigos intentaba imitarla mientras sonaba "Alarma", "Listen To That Fat Bass", "Dance 2 Trance", "Fórmula" y todos sus demás tesoros.

Por eso afirmamos que el paso del tiempo no es tan malo. A pesar de traernos más responsabilidades y tiempos de recuperación cada vez más largos, también nos da el regalo de la nostalgia y el poder de poner una canción y devolvernos inmediatamente a nuestras infancias. Das play y recuerdas esas fiestas de salón comunal en la que, nervioso, mirabas a esa niña bonita a la que no has sido capaz de hablarle. O recuerdas la ansiedad con la que contabas las tapas de Postobón para poder reclamar tu CD. Recuerdas los noventa, los 2000 y al muñequito que, con gafas y sombrero, te sacaba la lengua, como preparándote para una descarga de adrenalina musical que te iba a marcar para siempre.

Si te acuerdas de algo más, cuéntale a Daniela en redes

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