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Fotos: Felipe Vallejo

"Does anybody remember music?" El largo viaje de Richard Blair en busca del beat original

Nicolás Vallejo-Cano

Nicolás Vallejo-Cano

Richard Blair rompe el silencio y cuenta la historia detrás de uno de los discos más esperados de nuestra historia musical reciente: el nuevo trabajo de Sidestepper. ¿Estaremos preparados para lo que viene?

Fotos: Felipe Vallejo

Fotos por Felipe Vallejo - @fvc1

Si se piensa en Sidestepper como la creación de un beathead absoluto, como la obra de un productor cuyo impulso científico o creativo, calculado o intuitivo, lo llevó a conectar beats de distintos lugares del mundo para, quizás, a través de esa misma conexión, no solo crear uno más original sino comprender sus propias huellas en el mapa y, de repente, descifrar las de los hombres que por los siglos de los siglos han bailado sobre esta Tierra, su siguiente disco no es sino un producto consecuente.

Diré eso para arrancar.

Y lo diré a priori, casi a manera de justificación, sabiendo que lo que está a punto de tirarle al mundo este inglés no solo resultará absolutamente inesperado, si no, en sus propias palabras, hasta "suicida".

Richard Blair lo sabe. O más precisamente: lo sospecha, pues entiende que, hoy día, la música ya casi nada tiene que ver con la música misma. O por lo menos, como él la entiende.

Él sospecha que el nuevo disco de Sidestepper alienará a su público; que, quizás, será incomprendido y que, de repente, le significará una especie de muerte artística. Y sin embargo, no está dispuesto cederle terreno a esa vocesita que lo amedrenta.

Para él, este crío que está por parir no es otra cosa que una celebración.

Y, contra la muerte, como sabemos, no hay mejor argumento que la vida.

Hace casi dos décadas, incluso anticipándose a su tiempo, su experimento de laboratorio dio frutos positivos. Descifrar el código genético del tambor latino para emparentarlo con el drum n' bass dio como resultado una poderosa base rítmica sobre la que se erigió, no solo un soundsystem contundente conformado por figuras que hoy son realeza musical colombiana, sino ese sonido electro-folclórico que vino a marcar la ruta que la alternativa nacional, o por lo menos su avanzada más reluciente, tomaría durante los años siguientes. Y es que sin Sidestepper no existiría ni Bomba Estéreo ni ChocQuibTown ni Systema Solar ni nada de lo que vino después. Y sin aquel núcleo creativo del que hizo parte este inglés, quizás, tampoco habrían existido ni Aterciopelados, el tropipop, telenovelas llamadas Bazurto o Cumbia Ninja eincluso tu fiesta del viernes.

La innovación de Sidestepper, como la de muchos otros de aquí y allá, de antes y después, consistió en aplicarle a la música una fórmula simple: abrirle camino hacia el mundo al darle futuro a su raíz.

Blair, por supuesto, no estuvo solo en este camino.

Aprendió lecciones de algunos maestros y tuvo buenos amigos.

Nacido en 1965, creció en la tradición rockera inglesa, vivió el punk en su adolescencia y el estallido del rave en sus veintes antes de convertirse en ingeniero de sonido. Compartió con Daniel Lanois y con Brian Eno. En los 90, junto con Peter Gabriel, hizo parte de los estudios fundacionales de la mal llamada world music, Real World, y conoció a una mujer con quien grabaría el disco seminal del folclor caribe colombiano de cara al mundo, La Candela Viva (Realworld Records, 1992), y que lo cambiaría para siempre: Totó La Momposina.

Aceptando la invitación de su comadre, Richard llegó a Colombia de visita en 1993. Y aunque el plan era quedarse unas semanas, ya lleva 20 años por aquí.

Recién desempacado, Blair conoció a Andrea y a Héctor, con quienes grabó el disco debut de Aterciopelados, Con el corazón en la mano (BMG, 1994); luego se cruzó con Iván Benavides y Teto Ocampo de otra banda pionera, El Bloque, para hacer nada menos que La Tierra del Olvido de Carlos Vives (Sonolux, 1995); y un ratico después, con ellos también, se unió para crear su nave madre: Sidestepper.

Desde los últimos noventa hasta los primeros dos miles, aquel trío liderado por Blair en el estudio, junto a un equipo de colaboradores más o menos constante (por allí han pasado Goyo, Pernett, Eka Muñoz, Kike Egurrola, Janio Coronado y Pedro Ojeda), publicó cuatro discos de música electrónica latina orientada hacia la pista de baile. Y desde las recordadas fiestas ilegales en La Candelaria hasta Coachella, desde aquel cierre repleto en Rock Al Parque 2004 hasta Roskilde, su sistema de sonido ofreció el beat y la gente respondió coreando sus canciones. Con el tiempo, "Deja", "Hoy tenemos" y "Más Papaya" se convertirían en clásicos.

A pesar de todo lo anterior (o quizás incluso precisamente por lo mismo), hacia finales de la década pasada Sidestepper bajó la guardia. Y aunque su nombre se siguió viendo por ahí de vez en vez en algunos carteles de aquí y de allá, la banda perdió resonancia durante los años que siguieron.

En adelante, Blair trabajó en estudio con otros proyectos y se convirtió en uno de los DJ's más celebrados de la nueva tropical local, Ocampo profundizó en lo ancestral y lanzó su proyecto Mucho Indio y Benavides se dedicó de lleno a la gestión cultural, evidenciando su retiro de la vida artística. En 2011, Polen Records sacó uno de esos compilados "grandes éxitos" que, bajo el pretexto de celebrar 15 años de vida artística de la banda, no pudo interpretarse sino como lo que era: una suerte de obituario.

Venerados como padres retirados por la escena que los sucedió, Sidestepper parecía ya ser cosa del pasado; sin embargo, hace tres o cuatro años, después de mucho silencio e incluso algunos falsos entusiasmos, se supo que, en intensas jornadas de alquimia creativa y un hermetismo casi monástico, Blair le daba los toques finales a un nuevo trabajo.

Los testimonios de los pocos que habían tenido la oportunidad de escuchar al material coincidían en algo: que no solo sonaba totalmente distinto a Sidestepper, sino incluso a cualquier otra cosa que habían escuchado. Tan temerario parecía ser este nuevo experimento que, para evidenciar el extremo al que había llegado, todos decían: "no tiene bombo".

¿No tiene bombo?

Eso había que escucharlo.

Hace casi un año estuve en casa de Richard en La Candelaria. En esa ocasión, me mostró algunos previews del disco y no solo descubrí que lo que se decía era verdad, sino que se me reveló algo que jamás me habría esperado: primero, que Richard cantaba (con una voz pristina de barítono afro); y segundo, que Sidestepper se despedía de las máquinas. Era como si de repente los Daft Punk se quitaran los cascos. Pero lo que me resultó más revelador, a pesar de que para entonces y para mis oídos el trabajo ya estaba madurito, era otra cosa: sus complicaciones de parto.

Aunque, técnicamente, la producción de este trabajo ha tomado cuatro años, si se considera que Sidestepper no publica nada nuevo desde el 2006, la espera ha sido más larga de lo deseable; sin embargo, una vez escuché el disco completo, por fin, hace un par de sábados en su casa y crucé con él dos o tres palabras al respecto, comprendí que todo ese silencio, quizás, estaba justificado.

Respecto al disco, en todo caso, diré lo que me permita mi lenguaje.

Aunque no tiene nombre ni fecha de lanzamiento, se trata de un trabajo que, en efecto, es acústico y no trae nada de batería. En términos simplistas, por si aún no ha quedado claro, no está hecho para la pista de baile (así es que para los que esperaban más papaya, es mejor que vayan a buscarla a otro árbol). Contrario al caribe electrónico de antes, este es un viaje que nos lleva, más bien, hacia una especie de caribe cósmico. Que suena como a la cumbia justo antes de la cumbia. A devenir mestizo. A encuentro primordial. Es un tejido circular y delicado de tambores y semillas, flautas y guitarras. Un mantra suave de voces alegres que cantan palabras bonitas como "supernatural". Es una música volviendo a la magia, que suena como a estar todos juntos y de nuevo en torno al fuego, conectados con la palpitación del Universo.

Movidos por el beat original.

Después de ocho años de misterio, el nuevo disco de Sidestepper ya está listo para el mundo... o bueno, casi...

VICE: ¿Qué falta?

Richard Blair: Mmm... terminar de oír las mezclas. Yo creo que las tengo, pero aún falta como...

¡Que te lo arrebaten! ¿Cuánto llevas ya en este disco?

Como cuatro años.

¿Y por qué tanto? ¿Se demoró realmente o fue el ritmo natural?

Se demoró por muchísimas razones, pero principalmente por una cosa que aprendí de Paul Simon, que seguía trabajando hasta que no le molestaba nada. Así he estado yo. I just had to keep working until nothing bothered me. Until I liked it! Ha sido un proceso creativo muy raro. El resultado es lo que es, pero no es el disco que intenté hacer hace cuatro años. La meta fue evolucionando. Un poco heavy porque uno está como tirando un dardo a un blanco que está constantemente en movimiento.

¿Y cuál fue el blanco inicial?

Una pregunta: ¿es posible hacer beats para la pista de baile sin kit de batería, programada o no?

¿Y por qué?

En parte es la edad y en parte es la experiencia. Siempre he estado programando beats y buscando posibilidades. Desde el 94-95 empecé a jugar con la música latina en el laboratorio. Descubrí que si uno cogía un beat de drum n' bass y lo cortaba y lo ponía contra una clave salsera, funcionaba. Eso fue More Grip (Palm Pictures, 2000) y 3 AM (In beats we trust) (Palm Pictures, 2003). Fue mucha teoría y mucha craneada para que esos beats cayeran con la clave. Ya en Continental (Palm Pictures, 2006) hice unos patrones bastante experimentales, explorando todas las hijuemadres permutaciones de eso, ¡porque son infinitas! ¡Dum pa, dum dum pa! ¡Dum pa dum dum dum pa pa! ¡Dum dum dum pa, dum dum pa pa pa! Y sin embargo, al final descubrí que ninguna era tan fluida como el tambor. Y sobre todo, después de toda esa víscera, entendí que ya no quería explorar más eso.

¿Un tema de flow, de buscar algo más natural, orgánico, humano?

Hablando mucho con Teto y pensando como DJ, entendí que los golpes de la batería son como unos clavos que te anclan. Y cuando uno escucha cualquier cosa de tambores del mundo se da cuenta de lo que pasa cuando uno se libera de ese hijuemadre bombo: el groove no tiene esas anclas y la música empieza a flotar.

¿Y qué músicas estabas explorando que tuvieran eso de lo que hablas?

Desde el principio de este disco yo estaba explorando todo el tema del upbeat, todo lo que es el llamador en la cumbia, la guitarra del reggae, las palmas en el góspel... si uno escucha todas esas músicas se da cuenta de que ninguna realmente tiene bombo. Que el bombo como que daña el swing. Y ese fue como el principio de la vuelta.

¿Y luego?

Como suele pasar, ya después me di cuenta de que llegar a la meta original era jodidamente difícil, porque uno mismo y todo el mundo siempre está acostumbrado a oír beats "perfectos", la máquina que no falla, que siempre da en el tiempo al final del compás, que no tiene variaciones... además del tema sónico, como de peso. Porque un tambor, ni siquiera una batería bien grabada, tiene el peso de un chispun programado. Y entonces yo creo que todo esto también hizo que la meta se fuera modificando y que eso de hacer dance music sin bombo was not going to happen. Hasta hace relativamente poco me di cuenta de que esto de hacer música bailable sin batería era como... just forget it. Igual habían unos temas que como que sí, pero cambié la meta de hacer música netamente para la pista de baile.

De repente buscabas otro tipo de baile, ¿no?

Toda la música que oigo es música de tambores, africana, música vieja... entonces era más bien encontrar la manera de contribuir a eso. Yo no me siento a oír el disco de Systema y eso... o sea, no. Yo más bien ya quiero es como despedirme de ese mundo.

¿De la fiesta, del chispún, del beat electrónico?

Yo siempre había querido hacer música de tambores. Recuerdo que por ahí cuando conocí a Totó y mezclé su disco, me encerré con unos loops de tambores y unas cosas ahí como "housudas", pero realmente nunca supe cómo hacer el link. Y recuerdo cuando escuché la Mariacachafa de Pernett, ¡me quedé boquiabierto! ¡Fue un paso tan cuánticamente avanzado! ¿Hacer techno con los tambores de acá? Siento que todavía nadie ha cogido eso. Toca declarar que Pernett estaba ahí mucho antes que yo en el tema de quitar la batería y solo usar tambores y meterle sintes y eso. O durante. Pero igual, él también estaba buscando esos links, como yo buscando la conexión entre el drum n' bass y la clave. ¿Y luego salen con el chispún? ¿Cómo así? Los que supuestamente nos seguían el camino como que perdieron eso...

Es un poco game changing...

Pues pa' nosotros al menos ya cambió el juego.

Es una manifestación en contra de la máquina, ¿de repente? En un momento en el que la música está tan robótica, tan maquinal, ¿sientes que de repente está careciendo un poco de humanidad, de corazón?

Sí. Como productor y DJ soy fan del género de la música grabada, que tiene su base en la música pero es otra cosa. Y con el tiempo he estado dándome cuenta que los cuchos sí tenían razón. Lanois o Eno en los 90 me decían que la única manera de grabar en vivo era captar el momento y la magia del músico en comunión con el Universo. Que eso es lo único que había que captar. Y eso es lo que me formó a mí. Performance! Performance! El músico. El momento. Y mientras uno estudia discos de todas partes del mundo, los que perduran son los de gente que toca a mano.

Alguna vez tu amigo Brian Eno dijo: "There is not enough Africa in computers".

Oh... jajajaja. ¡Exactamente! Tal cual.

Mucha gente está ahí ahora. En la vuelta a lo análogo, a tocar en vivo, a grabar en grupo, a que se sienta la música hecha por seres humanos...

Daft Punk, por ejemplo. Está ahí. También se aburrieron de hacer máquina sin piedad. Para mi Sidestepper siempre fue una banda de dance music más que de electronic dance music. I just wanted to make dance records! Con lo que sea, pero dance records. Esa es como la tradición.

¿Y por qué el baile?

A mi me mueve el groove.

Hablas de que la edad también ha influido en este cambio de sonido...

Las cosas más agresivas de Sidestepper las hice en los 90 cuando ya tenía treinta y pico... ya hasta tarde para eso. El momento en que uno tiene que estar haciendo esas cosas es como los veinte, cuando todo es furia y descontrol y trasnocho y ¡arrrrghhhhh! Yo a esa edad no estaba ni en los estudios. En todo caso la edad sí ha influido en todo esto. Sobre todo en quitar la agresión. Dentro de mí igual no ha habido nunca mucha agresión y ahora mucho menos. Pero ando más sensible. Y yo lo siento físicamente, de verdad. Me pones un chispún y me siento enfermo. Las últimas veces que tocaba eso hasta como DJ, eso era de lo más exigente, era como estar ahí detrás de las trincheras, sudado, con mala luz, la espalda dañada... Yo ya no tengo esa energía ni esa furia de cuando tenía 19, si es que alguna vez la tuve. Ahora definitivamente no y no la quiero buscar. Estoy buscando algo más meditativo, más pacífico, más calmado, más espiritual, más ceremonial.

¿Y el yagé tuvo algo que ver con esto?

Sí. Desde hace años. A uno el yagé no le permite tolerar todo lo anterior. Como la máquina, la agresión. Ya es otra cosa. En eso tuvo mucho que ver. Y en el proceso de cantar y componer, fue tremendo. Me abrió el portal. Al principio yo no creía que podía hacer letra o cantar... sí podía manejar melodía, ¿pero letra y eso que hacía Iván que era encontrar la melodía de la voz? ¡Nunca! Durante muchos momentos de este disco, volvía de la toma de yagé, trasnochado, corría, prendía el estudio apenas con capacidades para manejar carga pesada... jeje... y ponía el micrófono, hacía una toma y apagaba. Y uno o dos días después oía y... ¡era tan preciso! En esos 16 compases que había hecho estaba la melodía completica. Y era algo que jamás me había imaginado. Eso no soy yo. Eso salió de otra parte. ¡Wow... increíble! Esa fue la primera cosa que pasó con el yagé. Y la segunda fue que, con letra o sin letra, a la hora de cantar, era la única manera de convencerme de que yo podía hacerlo. Todos me apoyaban muchísimo para que cantara y yo no me la creía. Yo no podía cantar. Pero lo que realmente me convenció fue esa cosa del yagé que te quita la autoconciencia, el miedo y la duda que uno tiene con todo. Esa vocesita que te controla y te dice "¡No!". Con el yagé uno es libre.

El yagé te dio la voz y la melodía...

Sí. Y no son melodías indígenas. Son melodías country and western, góspel, The Kinks, The Who, The Beatles... todo el canon mío que está ahí en mi cabeza. Y yo creo que hasta ahí pudo salir.

El planteamiento de este disco se distancia tanto del Sidestepper de antes que podría hasta ser de otra banda. ¿No sentiste en algún punto que de repente tenías que cambiarle el nombre a la vaina?

Lo pensé muchísimo. Pero de cierta manera, ahora lo que pasa, pasa. Por lo menos ahora tengo claro que ya no estoy buscando estar en ese lugar donde todos están. No quiero estar ahí. Es raro. A veces me siento como si fuera dos personas distintas. Por un lado, el creativo que hizo una cosa, y por el otro, el businessman que le dice: "¿Qué has hecho? ¿Estás loco? ¡Suicidio comercial!". Y sí... that's kind of what it is.

¿De verdad sientes que es un suicidio comercial? Lo dices además como si te sintieras orgulloso...

Sí. Igual es que no hay de otra. ¿Qué hacemos? Incluso el equipo de management de Los Ángeles anda súper preocupado con eso, ahora sobre todo que el EDM está de moda y está generando tanta plata. ¿Pero qué hago? ¡Yo estaba ahí hace 20 años! Literalmente. 92, 93, 94... incluso desde antes, desde el 88, el rave, el dance music, todo el mundo programando... ¡y eso ya fue! It happened 25 years ago! Es como Estados Unidos que descubrió el punk con Nirvana en el noventa y algo. Nosotros en Inglaterra para ese entonces ya estábamos en otra cosa. So... whatever! Y eso es lo más curioso: después de todos estos años todavía quieren el chispún. Y uno que nunca tuvimos. No sé por qué esperan de nosotros toda esa furia electrónica.

¿Sientes que eso es lo que la gente quiere de Sidestepper?

Lo que estoy viendo es que lo que realmente quieren de nosotros es el catálogo. No es el sonido. It's the songs. Theres a sound there, claro... el piano de "Deja". Pero realmente son las canciones. La gente va a cantar con nosotros el catálogo.

Sí. No importa si las canciones son electrónicas o a capela... en últimas es una banda de canciones.

Tal cual. Y ese es el genio de Iván. Porque a pesar de que las canciones son sencillitas, muy puritas, un corito de dos palabras, es texto y es catálogo. Son temas que tienen poder.

Hace años que no sacabas nada con Sidestepper. Y aparte ahora sin Iván Benavides. ¿En qué cambió no trabajar con él?

Yo no sabía que iba a hacerlo solo hasta que me encontré haciéndolo solo. Y lo intentamos. Él vino alguna vez e hizo una letra, pero no funcionó. En ese momento yo pensé que él tal vez no quería, pero que no quería dejarme plantado. La verdad es que él ya no quería y tampoco quería decírmelo. Fue un baile todo raro. Pero ya hablamos y nos abrazamos y él sabe que yo lo hice solo y todo bien. En todo caso obviamente cambió todo, porque antes yo hacía la pista y se la entregaba a Iván y él hacía la letra y la cantaba y hasta ahí era lo de Iván. Pero para mí ya tampoco aguantaba tener que controlar la letra y lo que decía y hasta la melodía. Yo la verdad es que quería explorar otras cosas y lo que él estaba haciendo ya no me interesaba. En el proceso pues salió un disco más personal... y colaborativo. De verdad que el resto de la banda, Teto, Chongo, Eka, todos estuvieron súper comprometidos.

Y Teto... ¡está en otra dimensión! Un sonido súper cósmico en la guitarra.

Huge influence. ¡Aprendí tanto de Teto!... pues siempre, pero en este disco especialmente. Pensar como indio. Nosotros los beatheads o beatmakers o whatever, Massive Attack, Tricky, Underworld... all of us, la veneración es hacia África. Todo es África. Como un tema de color de piel. De raza. Y resulta que no. ¡Es que los africanos fueron los primeros indios! Es cuestión de indio, no es cuestión de negro o blanco. Es pensar como indio. Y en toda la música indígena, que aquí es como mal vista todavía, hay esa cosa de encontrar la sencillez. Tres noticas y ya está. Y esa es la mística.

A veces suena como a country...

Pero con base latina. Como un country africano. Because it is kind of country music, ¿no? En el sentido de la palabra "country" que significa música tocada por campesinos. Sencilla. De corazón.

Sí se siente como una comunión...

Es soul music.

El disco suena como a celebración de la vida...

Completamente. Es súper optimista. Alegre. No hay nada dark. Cero. Ni una nota. Es muy uplifting. Todavía estoy sensible. Es hasta doloroso oírlo, me produce aún un poco de sensaciones, pero hoy está sonando muy bien. Es como una liberación de todo lo que nos tiene anclados.

Aparte tiene un ADN muy sabroso.

Sí, tampoco lo siento tan de acá.

Yo siento que no tiene nacionalidad. ¡Tiene de todo!

Es como un Caribe Universal. Que ese fue otro intento. Detrás de todo está la idea del Gran Caribe, que es góspel, reggae, New Orleans, cumbia, son, Africa... yo quería como prestar de toda esa tradición sin decir que fuera un merengue o una cumbia. ¡Todo es libre!

Sin purismos...

Alguna vez mostré Más papaya en Jamaica y unos jamaiquinos me preguntaron: "¿Y ese beat qué es?". Yo les dije que era como mi homenaje al dancehall jamaiquino, pero ellos me respondieron: "¡Eso no es ningún dancehall!". Y lo mismo pasó acá con Lo gozo en las emisoras. Los manes eran: "¿Y eso qué es que suena como tan marciano?" Y yo: "¿No escuchan como la clave salsera?", y ellos: "¡Eso no es salsa, no sea ridículo!". Hoy en día siento que, al menos para mí, todas esas barreras se disolvieron. ¡Es una sola música! Suena a cliché, pero eso es lo que creo...

Joe Strummer estaría orgulloso...

¡Wow! Jajaja... Yo lo conocí un par de veces. Un bacán. El alma de la fiesta. Le gustaba parchar mucho con la gente. Andaba de rumba en rumba. Un man bajito. Le gustaba la energía y la charla. Su música preferida era la cumbia, ¿sabías?

Sí. Y era un gran amante de la fogata, de esa comunión humana alrededor del fuego, ¿no?

Sí. Por eso también esto es así.

A eso suena...

Yo siempre he intentado hacer el disco que no encuentro en mi colección. El disco que falta y que es la unión de todos los otros.

Yo no lo veo como un suicidio comercial, la verdad...

Pues yo he intentado hacer un disco honesto. Hacer lo que me mueve realmente. Y tengo fe en que no puedo ser el único en el planeta que no quiere otra remezcla reggaetonera. Hoy todo es tan barato que ya no significa nada. ¿Los DJ's de hoy? ¡Qué pena! Sueno como el cucho cansón, pero me aterra. ¿Ese programa que sincroniza las canciones? ¡No hay ningún skill! ¿ You just press play y ya está? ¿Los DJ's manejando un solo tiempo en un solo set? ¡Eso no! Y lo otro es la moda y la dictadura de la moda actual. La ironía es que supuestamente el Internet nos iba a liberar, ¡pero no! Todo está más homogéneo que nunca. Todo como más uniformado. Más como esclavos a tal sonido o a tal gusto.

Pero digo, siento que hay mucho mercado para esto afuera...

Pero también es hecho para Colombia. O sea, contra el reggaetón y el chispún y el patrocinio narco y la teta inflada. ¡Quiubo pues!

Aunque el disco sí desafía un poco las "normas" de la industria: el formato canción, la estructura, el coro, la duración... porque son canciones largas, ¿no? Incluso pensando en un "sencillo"...

Parte de tomar este paso tiene que ver con una pregunta: Does anybody remember music? Like, why we all started doing this?

El tema del negocio nos tiene un poco jodidos...

Siento que estamos en una etapa en la que el capitalismo ha llegado a su curva hiperbólica y el resultado es que hoy nadie está oyendo música. Todos están pensando en el Twitter y en cuántas fotos en Facebook y en el Instagram y yarayarayara... ¿y la música qué? Toda esa vuelta da pesar con los músicos jóvenes porque se les obliga a concentrarse mucho en esa parte, en lo que supuestamente hay que hacer para estar en el juego, muchas veces a pesar de la misma música. ¡Qué pereza! A veces quisiera como hasta usar todos estos medios para hacer campaña. Ir destilando todo esto que estamos hablando en 140 caracteres y decirlo, porque me parece también que hay que tener algo que decir...

Sí se siente que, en el fondo, sin ser literal, es un disco político...

Well, it has to be in the end!

¿Pero crees que eventualmente la cosa puede cambiar?

I really think que aquí no somos los únicos. Esto está en todo el mundo. Quién quita que pronto vaya a haber un despertar en el que todo cambie. Otro "Summer of love".

Ahora que el sonido cambió tanto, tendrá que cambiar el en vivo. ¿Cómo va a ser eso?

Tenemos muchas ideas. La idea es hacer una agenda nuestra. No esperar a que nos llamen para tocar en el Royal Center a las tres de la mañana porque ninguno de nosotros quiere volver a hacer eso en la vida. Y yo siendo el primero en la fila. Nadie quiere esa vaina de la fiesta farandulera y el chispún. Y pues con el sonido que trae el disco, que es pura semilla, que no tiene bombo, pues igual no funcionaría.Queremos hacer una serie de parrandas, diurnas, con sonido semi acústico, sin tarima, sin luces, con sancocho, con niños y abuelos y cosas pasando antes y durante el toque, círculos de la palabra, talleres, tambores, todos bailando y cantando y palmeando... al final de la tarde toca Sidestepper y luego todos se devuelven felices y contentos y sin guayabo y sin policía y sin drama. Bonito. Todos queremos eso.

¿Y piensas tocar en círculo?

Aún tenemos que decidir eso. Pero más que todo, quiero ofrecerlo. Los que quieren participar, participan. Los que no, todo bien. Lo que he aprendido durante este disco, una consecuencia casi de tomar yagé y de tener vecinos como Teto, es que hay ciertos chips que tenemos completamente apagados en Occidente, como la telepatía, por ejemplo, que es una cosa que está ahí, que si uno quiere afinar la cabeza, está. Y cosas de oración personal, como de rezo de agradecimiento, de lo que es la música para uno... porque no se trata de hacer un disco o de volverse estrella, la música es parte de mi vida desde por la mañana que salgo a la terraza y me pongo semillas en el tobillo y hago ejercicio así cantado y bailado, es algo tremendamente poderoso... y eso es lo que quiero ofrecer. Con la banda, últimamente estamos haciendo algo así en el ensayo. Nos reunimos en círculo y cantamos cualquier cosa y palmeamos. ¡Y qué vaina tan gloriosa! ¿Para qué pagar un psicólogo si uno puede hacer eso? ¡Es terapia completa! Y sin mucha mística, sin mucho rezo o religión o dogma o creencia: es reunirnos en un círculo y palmear y cantar algo. It works! Y yo quiero ofrecer eso. Y es incómodo, para un rumbero de 25 y para su abuela... y eso que no hemos hablado de los ingleses. Es casi una ceremonia pero sin todo el aparatejo de religión o de espiritualidad puesto. Es una experiencia que no puede ser sino bella para todo el mundo. Y debe ser una contribución. Me parece que si nos acercamos a la música así, descubriremos que la música realmente es algo de todos, que va más allá, que no es un negocio. Todo el mundo canta, todo el mundo baila, todo el mundo palmea. Eso de sentarse a que me entretengan es del siglo 18, música de corte. Pero se trata de volver al juego. Porque todo sale ahí, finalmente. Y esa es la frase más campeona: everything comes from play!

Sigue a Nicolás en Twitter: @nikovc.