Ser rechazada de una fiesta me enseñó el significado de la vida nocturna

No poder entrar a la fiesta de Seth Troxler fue la iluminación que necesitaba.

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jun. 9 2017, 8:12pm

Fotografía: Instagram @danielsaynt

En el circuito de la vida nocturna, hay algunos clubes y eventos que se enorgullecen de tener un filtro fuerte y no dejar entrar a la gente. Algunas veces, este filtro ayuda a que las fiestas sean realmente agradables. Otra veces, el filtro no sirve de nada y solo pretende dar la ilusión de que son buenas fiestas. Aunque pretendas no darle mucha importancia, lograr pasar el filtro siempre trae consigo una dosis de adrenalina. Te inundas de ese sentimiento que siempre persigues: el sentido de pertenencia.

La idea detrás de las estrictas políticas de acceso es que si quieres tener una fiesta realmente buena, no puedes dejar entrar a cualquier persona, especialmente si son idiotas que muy probablemente van a molestar a todos. Berghain es el ejemplo más claro de este tipo de dinámica: bouncers inexpresivos que prohiben la entrada a todos los "básicos" en la puerta y privilegian a los freaks, queers y personas de color. El club también es portavoz de la igualdad –una vez el bouncer me dijo "todos pueden entrar a Berghain, pero a la vez no todos pueden". Incluso a celebridades como Conan O'Brien y Felix Da Housecat les ha tocado un rotundo "nein" en la puerta.

Por otro lado, también están los que entran a un club en busca de celebridades en los VIPs de sitios como el Hakkasan de Las Vegas o el 1oak de Nueva York, en medio de una cacería de estatus. Estos clubes son microcosmos donde se determina tu lugar en la pirámide cultural con base en lo más superficial: ¿A quién conoces? ¿Qué estás vistiendo? ¿Cuánto dinero tienes? ¿Con quién estás saliendo?

Como periodista musical, estoy agradecida de tener ciertos privilegios que la gente fuera de la industria no tiene, como accesos a las listas de invitados, relaciones con DJs y publicistas, e incontables fines de semana de fiesta.

Desafortunadamente, esta semana cuando me lancé al remate de la fiesta "Need I Say More" de Seth Troxler en Detroit, estos "privilegios" no significaron nada.

@stroxler just walked us into the party. Skipped a two hour line. Once he walked us in, announced that the venue was at capacity. Next time you're in New York brother, I got you. #detroit #movement #movementdetroit

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Antes de convertirse en el Vinnie Chase fiestero del mundo del tech house, Seth Troxler vivió en los suburbios de Detroit. A los 15 consiguió un empleo en una tienda de discos local llamada Melodies and Memories, con Theo Parrish y Mike Huckaby como compañeros. Mientras trabajaban en la tienda, Seth conoció a Ryan Crosson, quien llegó a comprar vinilos, y más tarde conoció a Lee Curtis y a Shaun Reeves. Juntos en el 2011, fundaron el sello Visionquest, lanzando álbumes de amigos como Benoit & Sergio y Tale of Us, y se hicieron conocidos por ese tech house lento y expansivo que los caracteriza.

En 2006, el crew empezó a organizar fiestas durante el festival Movement en el Old Miami, un bar de veteranos en Detroit. La reunión anual, a la que todos le llamaron Old Miami, es conocida por todos aquellos que vivieron durante la época.

Parece que todos los ravers tienen una historia loca en el Old Miami. Un amigo me dijo que accidentalmente le lanzó un hot dog a un extraño, que lor ecogió y se lo comió. Otro amigo cerró sus ojos durante un micro segundo y le lanzaron un bote de basura en la cara. Si, Old Miami tiene ese tipo de vibra.

Fotografía: dentro del Old Miami. Por Rebecca Victor.

El Old Miami es también conocido por otra cosa: una fila de entrada terriblemente larga. La fiesta comienza a las 7 de la mañana del lunes, pero aún así cientos de personas hacen fila durante horas bajo el sol, manteniendo la esperanza de pasarla bien –quizás este es el éxito de Seth Troxler como una marca. Una chica me dijo que una vez llegó cerca de la entrada y que alguien le pagó 50 dólares para que la dejara meterse a la fila.

Así que el lunes alrededor de las 3 de la tarde, me encuentro en un taxi apretada entre un montón de gente –incluyendo a un chico bisexual de 20 años que está usando unos lentes enormes y se parece a Paris Hilton–, dirigiéndonos a toda velocidad al Old Miami. Me asignaron el escribir un review de la fiesta y mi corazón empieza a latir con fuerza mientras nos acercamos al venue y las palabras OLD MIAMI comienzan a brillar en letras rojas.

Hay al menos 150 personas en el andén haciendo una fila que le da la vuelta a la manzana. Todos han estado rumbeando por lo menos dos días y dos noches seguidas, y se les nota.

Fotografía: El Old Miami. Vía Facebook.

Europeos barbudos usando Fedoras y pashminas en sus cuellos, hombres musculosos en camisas de tiritas con slogans como "Detroit Fiestea Duro" y chicas cubiertas de escarcha esperan bajo el sol, meneándose mecánicamente al ritmo de la música que logra salir del venue.

La espera es tan larga que una chica que conozco dejó la fila varias veces para ir por cervezas y BBQ al Slows, un restaurante local popular. Tomé una profunda bocanada de aire y caminé hacia la puerta, diciéndole al tipo rudo de la entrada que estoy ahí para escribir una reseña de la fiesta y que tengo una conversación en Twitter con Troxler donde dice que no debería tener problema para entrar.

Pero el lugar está llenísimo y el bouncer me hace a un lado, diciendo que me fuera lejos de su área. Pregunté si podía hablar con Seth y otro tipo de la puerta se acerca y ladra: "yo hago esta fiesta con Seth y no tiene un lista de invitados. No vas a entrar".

De repente, vi ese característico afro y la cara de Seth que se asoma por la puerta. Se acerca a un hombre que estaba detrás de mi,: "¿Cuántas personas vienen contigo?" Preguntó Seth. El hombre detrás de mi llamó a sus amigos y pasaron todos a mi lado para entrar a la fiesta. "Ese es un DJ famoso", mencionó el chico de 20 años con el que venía. "¡Dejaría que me cogiera!"

Me acerqué a Seth y lo toqué en el hombro pero no pareció verme. Más tarde twiteó esto.

El bouncer me ladra que me mueva otra vez y siento la mirada de todos en la línea pendientes de mis miserables intentos de explicar la situación. De repente me doy cuenta de que me convertí en mi peor pesadilla: una raver sedienta tocando a una celebridad en el hombro, siendo ignorada y tratando de entrar al Alpha y Omega de las fiestas de tech house.

Me doy por vencida y le digo a mis amigos que la historia ha sido cancelada. Luego me doy cuenta rápidamente de que nada de la planeación que había hecho para ir al evento, incluyendo los emails y mensajes de Troxler asegurándome de que todo estaría bien en la entrada, importaban.

De hecho, todo el peso social y la autoaprobación que ponemos en el ser admitidos en una fiesta se reduce a factores que tienen muy poco que ver con uno mismo. En este caso, yo tuve una mala coordinación de tiempos –el venue estaba muy lleno, los bouncers estaban haciendo su trabajo y no les importó el mío y me tocó estar frente a una celebridad justo cuando Troxler salió a la puerta.

Lo impredecible es lo hermoso y lo banal de la vida nocturna. Cuando te lanzas a un ambiente caótico de fiesta, es imposible saber a quien vas a conocer o qué te van a lanzar, incluyendo botes de basura. Esa sensación, de que cualquier cosa puede pasar en cualquier momento, es lo que me mantiene volviendo al rave. E incluso cuando una puerta se cierra en tu cara, otra se abre.

Después de esta decepción, mis amigos se fueron en diferentes taxis y yo me quedé caminando por la calle con el clon de 20 años de Paris Hilton. Después de unos minutos, nos paramos en la banqueta de un hermoso barrio con árboles, una escuela y casas familiares. Puse mi brazos alrededor de su cuello y nos besamos bajo el sol del atardecer escuchando los gritos de los niños que jugaban cruzando la calle.

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Michelle Lhooq está en Twitter.