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Ebriorexia: cuando comes menos para poder beber más

Una nueva investigación sugiere que los jóvenes están controlando obsesivamente lo que comen para poder emborracharse más rápido y con mayor frecuencia.

Gabby Bess

Gabby Bess

Este artículo fue publicado originalmente en Broadly, nuestra plataforma dedicada a las mujeres.


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Alice*, que vive en el Reino Unido, recuerda el consejo que le dio su hermana antes de su primer año de universidad. "Yo me estaba recuperando de un desorden alimentario y una de las cosas que más se me grabaron fue lo que me dijo mi hermana sobre todo el peso que ganas con la bebida durante el primer año de universidad", me explicó en unemail.

Su hermana le recomendó que sólo bebiera licores fuertes con refrescos light que no tuvieran muchas calorías, pero Alice fue un paso más allá. "Antes de salir por la noche, cosa que hacía como cuatro veces a la semana durante mi primer año y a veces incluso más, solo comía Special K o un plato de otro tipo de cereales bajos en calorías, sin leche. Me imaginaba que así necesitaría gastar menos dinero en bebida para emborracharme y también que ingeriría menos calorías, así que era una doble victoria", afirmó con ligereza (probablemente la única forma de recordar algo estúpido —y potencialmente peligroso— que hiciste en los años de universidad).

El fenómeno de la ebriorexia (también llamada drunkorexia), o restricción de la ingesta de calorías para "hacer sitio" a las bebidas alcohólicas cargadas de carbohidratos, ya ha aparecido en las noticias con anterioridad. En 2008 se empezó a hablar de este desorden alimentario en algunas páginas de belleza, pero las pruebas que había sobre él en aquel momento eran meramente anecdóticas. Sin embargo, un reciente análisis llevado a cabo por la Sociedad de Investigación sobre Alcoholismo revela que la ebriorexia es muy real y bastante común entre los estudiantes universitarios que, o bien quieren minimizar su aumento de peso, o ponerse hasta el culo con una pequeña cantidad de vodka, o ambas cosas. Los investigadores afirman que este fenómeno está estrechamente vinculado al abuso del alcohol y que puede tener efectos en la salud especialmente negativos, aunque muchas de las personas que podrían entrar en la categoría de "ebrioréxicas" tienden a pensar que gestionar sus calorías para compensar las fiestas locas es algo razonable.

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"Sabemos que no consiste tan solo en la cantidad o la frecuencia con que beben los universitarios, sino en el modo en que lo hacen, que las expone a un riesgo mayor de experimentar problemas relacionados con el uso de bebidas alcohólicas", explicó a Broadly por teléfono la Dra. Dipali V. Rinker, profesora adjunta en el departamento de psicología de la Universidad de Houston, que participó en el estudio. "Quería observar el modo en que los estudiantes se comportaban antes, durante y después de beber", afirmó.

Tras realizar una encuesta entre estudiantes en el campus y online, la Dra. Rinker descubrió que muchos estudiantes crean complejas redes de comportamientos para compensar la bebida. "Comen menos para emborracharse más rápido. Obviamente, existe una gran diferencia entre beber con el estómago lleno o beber con el estómago vacío. Restringen la comida durante el día cuando tienen planeado beber más tarde, consumen bebidas bajas en calorías con el alcohol, o se levantan al día siguiente y no comen nada o hacen excesivo ejercicio. Y también hay comportamientos compensatorios de tipo bulímico", afirmó.

Cuando iba al gimnasio me sentía como si me diera a mí misma permiso para beber aquella noche

Melissa* describió estos métodos en la práctica. "Cuando iba al gimnasio me sentía como si me diera a mí misma permiso para beber más tarde aquella noche, porque había quemado la mayoría de calorías que había ingerido", explicó en un email. Pero si quieres cifras puras y duras (la investigación de la Dra. Rinker sobre el tema todavía no se ha publicado), un estudio publicado en Australian Psychologist indica que el 57,7 % de las estudiantes encuestadas afirmaba compensar de algún modo su ingesta de alcohol.

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La Dra. Rinker afirmó que las personas ebrioréxicas acaban bebiendo más y experimentando más problemas relacionados con la bebida que quienes no practican comportamientos compensatorios con la bebida. Aunque esta confluencia de un desorden alimentario y un problema con la bebida es obviamente arriesgada, las personas que siguen el patrón de hacer dieta para beber a menudo no se dan cuenta de ello, indicó.

"Alguien que piensa las estudiantes universitarios normalmente beben mucho tiene más probabilidades de beber", explicó la Dra. Rinker acerca de los problemas con la bebida en general. Y lo mismo sucede con la ebriorexia, que parece ser una especie de problema que se perpetúa a sí mismo. Mientras que los comportamientos de compensación hacia la bebida son "más comunes de lo que esperaba", indicó la Dra. Rinker, los estudiantes universitarios creen que el resto de sus compañeras lo hacen incluso con más frecuencia de lo que lo hacen en realidad. También añade que las mujeres con un historial de trastornos alimentarios tienen más probabilidades de caer en este tipo de comportamientos.

Sorprendentemente, tan solo informar a los estudiantes de que sus compañeros de hecho no se emborrachan con tanta frecuencia como creen puede ayudar a atajar un problema con el alcohol. "Es la idea de 'como todo el mundo lo hace, yo también', pero eso no es cierto en realidad. Hemos descubierto que cuando informamos a las jóvenes de que la cantidad real que bebe una universitaria normal es muy inferior a la que beben ellas, reducen su ingesta", afirmó. Este podría ser el primer paso para solucionar el problema de la ebriorexia entre los estudiantes. "Proporcionar cifras exactas de ingesta de alcohol sin duda podría ser un elemento de ayuda".

*Los nombres han sido cambiados.