El Roy y su música

Es hora de que en el DF exista un excelente club nocturno, que además tenga una buena oferta musical.

|
jun. 11 2014, 12:58am

En el corazón de la colonia Roma, encontramos el místico antro de la Ciudad de México: el M.N. Roy. Se llama así porque el lugar era la casa de Manabendra Nath Roy, un activista revolucionario nacido en la India, quien además fue fundador del Partido Comunista en México. En plena revolución de octubre de 1917, el mismo Lenin recibió a Roy. Pero hoy, lejos del comunismo, las paredes de su casa son el lugar del gin, los cócteles y la música electrónica. 

En sus épocas más glamourosas, era la espectacular Zemmoa la que decidía quién entraba. Por ser un club privado, sólo se entra con membresía. Y es que el Roy lo que más cuida es la vibra del lugar, y por lo tanto su clientela.  

Parte del glamour arquitectónico del lugar es que no se ve ante los ojos y oídos del transeúnte común. El Roy es mística, soledad y música. Toda su arquitectura podría resumirse en esas palabras.

En efecto, la vieja casa fue rediseñada por los arquitectos franceses Emmanuel Picault y Ludwig Godefroy. El resultado es una deliciosa esquizofrenia que conserva la decadencia de la fachada y la elegancia de las paredes de madera en el interior. Una vez que pasas la clandestina puerta, te recibe un cuarto que parece traído directamente del underworld. Todo es negro, ancho, el techo es bajo y las paredes parecen incrustadas de cubismo y luces. 

La pista de baile es la que te hace respirar. Hay una barra enorme a la izquierda, y el DJ del otro lado, toca desde un atrio que evoca sensaciones religiosas. Nunca sé si es la madera de las paredes o los techos altísimos y triangulares, pero sin duda, el Roy desde adentro parece un templo dedicado al hedonismo. 

Ni siquiera para fumar hay terrazas, el chiste es no ver la luz del sol. Así, el tiempo te come. Tampoco hay mesas (salvo dos al lado del DJ que casi siempre están vacías). El mensaje es claro: aquí todos somos iguales y venimos a bailar. Entre el gran sonido, las paredes a prueba de eco y el aire a catacumba, el Roy es eso: un lugar diseñado para bailar. 

Sin embargo, hoy la música no es siempre buena. Podría decir que de cinco idas al mes, sólo una es relevante en términos musicales. El resto parecen ser DJs poco preocupados por su público, y más concentrados en mostrar sus 'proyectos' y lo que saben hacer. 

Entiendo que es un club privado, que no puedes darle gusto a todo el mundo y que el objetivo es indagar en la música "experimental". Pero honestamente, suena más a sartenazos-y-bajos-mal-calibrados la mayor parte del tiempo. No sé qué tan experimental sea eso. Siempre me quedo insatisfecha… con ganas de que la música explote. Pero la música es tan obscura que ese momento nunca llega. Cuando eso pasa, el barómetro por excelencia es que la gente no baila y prefiere subirse a fumar a un cuartito sin ventanas donde todos estamos apretados. 

No es que no me guste la música underground y experimental, pero aún en estos casos la característica de la dance music y la música techno es que tiene que hacer bailar al público. Si no lo hace, ha fallado su cometido y se convierte en otra cosa: música para escuchar en los audífonos, o para afterear en el punto de la fritez donde ya no te puedes ni mover. El Roy me parece lejos de eso, sobre todo porque es un antro y lo único que hay --fuera de la zona para fumar-- es la pista de baile. 

Por ejemplo, en su tercer aniversario este año, no fue sino hasta las cuatro de la mañana que tocó Dramian, de Mutek, que las cosas se pusieron bien. Antes de eso fueron cinco horas de mala música. No puedo evitar hacerme la siguiente pregunta: ¿por qué si eres de los únicos antros en el DF diseñados para escuchar buena música electrónica, no te preocuparías por el lineup de tu aniversario? Tal vez tengan un público muy complaciente, o precede más la reputación mística del lugar. Además no tienen competencia (es cierto, el Roy es inigualable). 

Pero bueno, también es cierto que los pocos días en que la música es buena le hace justicia al lugar y es simplemente espectacular. Mis favoritos son los chavos de Gandalla, Avanti, Dramian, Puma y a algunos les gusta mucho Disco Ruido. Y por supuesto, de repente traen a DJs de gran calaña como Pachanga Boys, Poolside, Apparat o Brandt Bauer Frick. Todos ellos hacen reventar el lugar con sus tornas. 

Sea como sea, la mayor parte del tiempo el M.N. Roy es una potencia desperdiciada en términos musicales, pues bien podrían ser los precursores de un genuino movimiento electrónico mexicano. Hay muchísimo talento en nuestro país, y sin embargo, no son más de 20 DJs los que siempre tocan. Prevalece el compadrazgo, en lugar del amor por la música; la pretensión y no el cuidado al público. 

Yo propondría menos experimental anti-armónico para que concentrarse en música para bailar: más melodías y menos sartenazos. Todo podría solucionarse con un poco de buen house, más cuidado con los bookings y menos compadrazgos. Al menos, el lugar y la vibra lo ameritan. 

Es hora de que en el DF exista un excelente club nocturno, que además tenga una buena oferta musical. Si el Roy llegó para quedarse, ¿qué es lo que va a distinguirlo en un futuro?

Sigue las denuncias antreras de Gisela en-@gisela_pda