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All photos by Matthew Avignone.

Jlin hace la música más agresivamente hermosa que has oído

Tiffany Walden

Después de arrancar en el footwork, la productora de Indiana rompe la cuadrícula.

All photos by Matthew Avignone.

Este artículo fue publicado originalmente en THUMP Canadá.

La relación de Chicago con su vecino del este, Indiana, es de una conveniencia egoísta. Para empezar, la gasolina es prácticamente gratis en comparación a los cerca de $3 por galón que se pagan en la ciudad. Quienes viven al sur de Chicago no tienen vergüenza de irse a la frontera –ya sea que esté a cinco o a 30 minutos de casa– para llenar sus tanques para la semana laboral por venir. Es un ritual dominguero para muchos, así como comprar algunos cartones de cigarros, ya que también son más baratos del otro lado.

Pero los chicaguenses tienen otra tradición que causa que haga un viaje especial a través de la línea estatal en el pico de cada verano: los fuegos artificiales. En Chicago, los fuegos pirotécnicos están prohibidos, aunque eso nunca parece ser cierto en las semanas antes y después del 4 de julio. Solo visita cualquier vecindario del sur o del oeste, y seguramente te sorprenderán los booms agresivos. Como dice el dicho grigo: "Un contratiempo no impide el progreso".

La autopista I-94 en Indiana está plagada de vallas coloridas que te guían a las tiendas de fuegos artificiales del tamaño de supermercados. Jerrilynn Patton, la productora de 29 años de Gary, una ciudad apenas a 48 kilómetros de Chicago, presencia esta peregrinación a su estado natal todos los años. En su patio de 1200 km2, podemos escucharlos explotar en la distancia nublada. Como en Gary –un pueblo acerero antiguamente floreciente con una población en descenso de unas 77000 personas– es legal comprar y disparar cohetes, no es extraño escucharlos un miércoles cualquiera como hoy.

"La obsesión que tiene la gente con los fuegos artificiales en esta área es una locura", dice Patton. Su hogar de la infancia, en donde todavía vive junto a sus padres, está apartado en una subdivisión estilo suburbana, a unos 15 minutos al sur del centro de Gary. Patton también parece ser una de esas personas "obsesionadas". Vistiendo unos shorts estilo cargo y un hoodie negro –con una bandana negra para sostener sus rastas, los cuales se acaba de rehacer– Patton sonríe mientras recuerda la vez en el 2014 cuando compró $200 en fuegos artificiales con el sueldo de uno de sus primeros trabajos, en la East Chicago Tin Mill de US Steel. También los disparó todos ella misma.

Conocida en todo el mundo como Jlin, Patton es una de las productoras más arriesgadas en la música dance. Comenzó su carrera con un par de temas en la compilación del 2011 Bangs & Works Vol. 2, de Planet Mu, empujando al footwork más allá de su función tradicional de ser la banda sonora de bailarines callejeros hábiles, a algo más temperamental y expresionista. Los samples vocales chachareros y los patrones asimétricos de bombo son los elementos fundamentales del género, pero la versión de Jlin se percibe de alguna manera más ampollada y rota. Su álbum debut del 2015 en Planet Mu, Dark Energy, no estaba completamente separado de sus raíces frenéticas del footwork, pero su física era rara, como si estuviera rompiendo la misma cuadrícula en la que se construyó el género.

Rápidamente desarrolló una fanaticada en las comunidades de música experimental –lo que le mereció un espacio en el festival polaco Unsound Festival y el primer puesto en la lista de mejores álbumes de Wire– pero también consiguió fans fuera de ese mundo. En el 2014, el diseñador Rick Owens fichó a Patton para crear el soundtrack de la pasarela de su colección Otoño/Invierno 2014/2015 en el Fashion Week de París. El año siguiente, Jlin hizo los beats de la presentación de Primavera/Verano de Adidas Originals en esa ciudad, así como un show de Chanel en Seúl. Su recientemente editado segundo álbum, Black Origami, tiene colaboraciones de todo tipo de mundos, como la políglota de la música de computador Holly Herndon, el compositor de ambient William Basinski, el rapero y activista de Ciudad del Cabo Dope Saint Jude, y Fawkes el artista de Halcyon Veil. Se ha salido bastante de su zona de confort como productora en cada giro en su carrera –y su más reciente lanzamiento en Planet Mu refleja ese impulso, eludiendo los beats de footwork y haciendo en su lugar drumlines de banda marcial de pesadilla y ritmos que se tambalean como una partida de Jenga que está por terminar.

Aun así, cuando le preguntaron si quería encender algunos fuegos artificiales para su sesión de foto, se mostró visiblemente dudosa. "Mis vecinos van a pensar, '¿Qué diablos está haciendo'", dice Patton soltando una risa contagiosa. "No me quiero matar".

Pero un entusiasmo infantil se apodera de ella tan pronto pone un pie dentro de Phantom Fireworks, un almacén mediano lleno de abundantes fuegos artificiales. Patton toma algunos productos de los anaqueles y cuenta viejos recuerdos con su familia. "Estábamos mi primo y yo en Chicago –teníamos tal vez 11 o 12", empieza Patton, sosteniendo un paquete rojo de dinamitas diminutas llamadas Wolf Packs. "Tuvieron la idea de ponerlas en una lata de café. Luego, tuvieron la idea de echarles gasolina. Fue una pesadilla. No le recomiendo a nadie que lo haga".

De alguna forma, no solo vivió para contarlo, sino que parecía lista para más travesuras. Señaló un paquete de velas romanas. "¿Podemos dispararlas en una botella?".

De vuelta en su casa, Patton prueba algunas bombas de humo y giradores. Una vez segura de que no se iba hacer explotar a ella misma, enciende varias velas romanas y un paquete de Wolf Packs –cohetes similares a los que Kevin McCalister hace explotar en una olla en Home Alone.

Luego, el gran final: dos latas de fuegos artificiales de fuente. Una vez encendidos, dispara chispas al aire y caen en cascada, como agua en una fuente miniatura. Posando para la cámara frente a este fondo destellante, Patton se ve como si fuera a despegar hacia el cielo.

Patton nació en medio de una ola de calor. De acuerdo al Chicago Tribune, hubo temperaturas de 32 grados y más en el área de Chicagoland por 19 días en julio de 1987 –cualquier temperatura por encima de 32 es capaz de matar. Patton llegó al mundo un día 30 de ese mes y, sin que lo supiera, tenía años de retos por venir.

Los padres de Patton se conocieron mientras trabajaban en Nabisco en el sur de Chicago en los 80. Su madre era de Gary y su padre, de Chicago; la pareja consiguió su nido de ensueño por cosas del destino. Un día, mientras manejaban por Gary un día antes de que naciera Patton, su madre se fijó en una casa estilo rancho de 185 metros cuadrados.

"Detuvo a mi papá y le dijo, 'Jerry, esa es nuestra casa'", dijo Patton, haciendo una pausa para efectos de narración. "Y mi papá dijo, 'Pero ni siquiera tiene un cartel de 'Venta'". La mamá de Patton se salió del carro y de todas formas tocó la puerta. Resulta que el vendedor quería vender la casa. "La atraparon justo en el momento correcto, y hemos estado aquí desde entonces", dice Patton.

Los padres de Patton la enviaron a una escuela católica, pensando que tendría una educación de primera. Pero cuando tenía cuatro años, dice, sus maestros les dijeron a sus padres que era "mentalmente retardada" porque era zurda.

"Se consideraba una discapacidad", elabora Patton. A sus maestros también les preocupaba que Patton no pudiera seguirle el ritmo a las clases. "Pero, gracias a Dios, mi mamá peleó contra el sistema educativo", recuerda. Su madre encontró un tutor, y Patton rápidamente comenzó a retomar sus clases.

"Soy una de esas personas que necesita saber por qué está haciendo algo. Necesito de verdad saber qué estoy estudiando y por qué funciona como lo hace". –Jerrilynn Patton

"Soy una de esas personas que necesita saber por qué está haciendo algo", dice, explicando que nunca fue el tipo de estudiante que estudiaba para un examen solo para aprobar. "Necesito de verdad saber qué estoy estudiando y por qué funciona como lo hace".

Un aro de basquetbol con la pintura caída reposa encima de un poste en su calzada. Ella solía jugar de base y alero cuando era niña; cuando tenía unos 10 años, se fascinó con los tiros libres, tratando de descifrar el sistema más eficiente para darle la rotación perfecta a la pelota para que entrara a la canasta. "Los Bulls eran mi equipo", dice Patton. "En esa época, ¿quién no le iba a los Bulls?".

Apropiadamente, cuando nos juntamos, estaba usando un par de Jordan 12s blancos y negros. Patton es fanática de los tenis, pero explica que no es como algunos coleccionistas –no da el paso de vender sus tenis retro cuando ya los gasta. Su mamá es administradora de proyectos en el Programa de Empoderamiento de la Comunidad de Nyakinyua, un ala misionera de la escuela Dagoretti Nyakinyua en Molo, Kenya, así que Patton les dona sus zapatos a los estudiantes ahí.

"Hay muchas personas en el mundo que necesitan zapatos", explica. "No les importa que sean Jordans –solo necesitan zapatos para caminar".

Cuando era adolescente, los otros niños le hacían bullying. En retrospectiva, Patton cree que fue víctima porque tenía en su hogar una estructura que sus compañeros de clases no tenían –un ambiente hogareño con dos padres que recuerda al Cosby Show. Su confianza en sí misma se tambaleó, y empezó a tener malas calificaciones en la escuela. "Siempre veía hacia abajo cuando caminaba", recuerda. "Todo en mí cambió".

Incluso cuando se apartó de muchos de sus estudios, Patton encontró consuelo en las matemáticas. "Me encantaba tener que resolver cosas y luego [comprobármelas] a mí misma", dice. "Creo que la parte de comprobar era algo de autoconfianza".


Después de una corta tarde caminando por el vecindario de Patton, nos montamos en su Nissan Rogue para dar una vuelta. Unos 15 minutos después, se aparca en uno de los estacionamientos de Calumet New Tech High, un edificio mayormente hecho de ladrillos publicitado desde la carretera con una mascota nativa americana de caricatura bastante problemática.

En el salón de clases de la señora Lee en el segundo piso, Patton y su maestra de matemáticas favorita se abrazan. Recordando viejos tiempos, Patton bromea con la señora Lee sobre cómo repetía tanto la fórmula cuadrática en sus clases que igual se la tatuaba a sus estudiantes en la frente. Así que la señora Lee le da a Patton un plumón para ver si todavía recuerda la lección.

El amor de Patton por la concentración se activa con este reto. Comienza escribiendo en una señal transparente fuera de la puerta del salón de clases, pero la señora Lee suelta un sonido cuando a Patton se le olvida escribir "X =". Patton borra todo y comienza de nuevo. "¿Comencé mal?", dice. "Espera. Es =b2, creo. ¡No! ¡Lo estoy haciendo mal!".

La señora Lee interviene como una entrenadora. "Te voy a dar una regla nemotécnica que no te enseñé cuando estabas conmigo", dice, tomando el plumón de la mano izquierda de Patton. La señora Lee borra el intento de Patton y anota la fórmula correcta mientras recita la siguiente frase: "X es igual a había un niño negativo que no se podía decidir sobre ir a una fiesta radical. Como era cuadrado, se perdió de conocer a cuatro chicas increíbles. Y todo terminó a las 2AM".

Patton recuerda quedarse en el salón de la señora Lee después de clases y completar tareas enteras en el pizarrón, solo para que ella pudiera asegurarle que lo estaba haciendo bien. "Me encantaba descifrar cosas y luego comprobármelas de vuelta", recuerda Patton.

Es un pasatiempo que se extiende a la forma en la que hace música. A finales del 2007, después de que un amigo DJ en Chicago le presentó el software de producción musical FL Studio, Patton pasó horas en YouTube tratando de descifrar cómo usarlo. "Lo tuve por una semana y no podía lograr sacarle algún sonido", dice.

Con el primer hi-hat exitoso que logró, se enganchó. "Crear música era un escape para mí, porque no estaba feliz con lo que estaba haciendo en la universidad", dice Patton. Estudió ingeniería de la edificación, gráfica computacional y matemáticas en la Universidad Purdue, a la que asistió hasta el 2011. Cuando las matemáticas ya no satisficieron sus necesidades, Patton faltaba a clases, se enclaustraba en la biblioteca de la universidad y hacía rolas.

"No me malinterpretes", dice Patton. "Cuando comencé a hacer música al final del 2007, el footwork fue lo que desató mi interés". Mientras estaba en Purdue, contactó a la luminaria DJ Rashad para pedirle consejos sobre una canción que había hecho en el software Sony ACID. Poco a poco se convirtió en su mentor en la producción de beats rompetobillos en un rango de 155 a 160 beats por minutos –así como lo hicieron el productor de juke de Chicago DJ Roc, cuyo crew de DJs Bosses of the Circle recibió a Jlin como miembro en 2009. En 2011, RP Boo también le dio la bienvenida en su colectivo D'Dynamic.

Aunque Patton no tocaba sus canciones en ninguna de las batallas en Chicago, los temas que estaba produciendo y sacando independientemente en Facebook tenía muchos elementos del linaje del footwork, el juke y el ghetto house –tres subgéneros históricamente interconectados basados en tresillos ásperos y tempos rápidos. El ghetto house, el cual apareció por primera vez en la primera mitad de los 90, comienza normalmente en los 130 BPMs; el juke, el cual surgió en la escena a finales de los 90, es un poco más rápido, en los 145; y el footwork como lo conocemos hoy en día llega a los vertiginosos 155. Uno de sus primeros temas, "Romance", del 2011, tiene el mismo patrón de batería repetitivo y groove resbaloso que clásicos de Chicago como "Bounce", de DJ Clent, un ejemplo temprano de las líneas en las que se solapan el juke y el footwork, y "Ghost", de DJ Rashad, un himno del footwork. También tiene sus cuantos samples referenciales, deformando pedacitos de The Stylistics y Alicia Keys.

Como le gusta decir a Patton, su pirámide cambió alrededor del 2010. No, no el paradigma –la pirámide. "La razón por la que lo llamo un 'cambio de pirámide' es porque cuando pienso en la pirámide, pienso en el infinito", explica. "Cuando dices que tiene nueve lados o nueve ángulos, esos nueve se pueden voltear de tantas formas diferentes".

Parece que su madre escuchó venir ese cambio antes que ella. Después de escuchar un track de footwork de ella que sampleaba "Portuguese Love", de Teena Marie, según el cuento, su mamá le dijo que no pensaba que estaba aprovechando su potencial al máximo. De acuerdo a Patton, su madre pensó que la canción era buena, pero que ya sabía cómo sonaba Teena Marie –ella quería saber cómo sonaba Patto. Eso motivó a la productora a pensar fuera de lo esperado del footwork.

Como el juke y el footwork, la música de Patton gira alrededor del tiempo. A través de percusiones que colapsan, voces de más allá y hi-hats alienígenas, juega con ritmos y movimientos de una forma inquieta que a veces es comparada con experiencias psicodélicas. "Yo no me drogo –Conmigo es suficiente", explica Patton. Pero no niega que su música suena tripeante a veces.

Cuando le puse el track homónimo de Black Origami a mi mejor amigo antes de encontrarme con Jlin, nos quedamos viendo con desconcierto. Tantas páginas de música se habían referido a ella como una artista de footwork que esperaba escuchar muchos de los sonidos de mi crianza en la Chicago negra: bombos golpeantes y claps para mover el culo. En su lugar, la percusión pasa el rato con el zumbido androide del cambio de velocidades en vez de con los grooves originales del hip-hop o del R&B. Pasé la mayor parte de mi viaje en auto de una hora de Chicago a Gary planeando preguntarle sobre su relación con el footwork, lo cual parecía una pregunta complicada. Para mi sorpresa, cuando nos encontramos en su calzada, aclaró mi confusión de inmediato: "No soy una artista de footwork".

El footwork es sinónimo de Teklife y sus DJs pioneros de Chicago –el difunto DJ Rashad, quien falleció en 2014, junto a Earl, RP Boo, Spinn, Gant-Man y Traxman. Es un género dominado por los hombres con un elemento de rito de iniciación, es decir, que muchos productores de footwork o pinchaban en las fiestas de ghetto house y juke de la época, o crecieron participando en batallas competitivas de crews de footwork. Si no estás totalmente incrustado en la cultura, puede ser difícil seguirle el paso. Patton está consciente de la creciente prominencia del footwork en los escenarios locales e internacionales, por lo que es muy transparente sobre su cambio a un sonido más idiosincrático. No quiere que nadie que no esté familiarizado con el footwoork y sus raíces de Chicago piense que su último trabajo es un arquetipo del género, porque no lo es.

"El footwork es donde comencé, pero ahora he evolucionado en algo más", explica. Dice que sintió cambiar a su pirámide antes de su álbum Dark Energy, cuando se alejó de los bombos agresivos y restricciones rítmicas de "Erotic Head" y comenzó a enfocarse en sonidos y arreglos más libremente asociados. Para poder encontrar su voz, tuvo que dejar de escuchar la música de sus pares y adentrarse en su propio núcleo temperamental. "Mi nombre ha sido tan asociado con el footwork [que] supongo que sentí la necesidad de decirlo", me dice. "Me encanta la música footwork. Solo que sé que no estoy ahí en este momento".

"Quiero que la gente sepa que cada vez que me siento en esa silla [de mi estudio casero] para crear, es una lucha. No soy una de esas productoras que se sienta y hace algo en dos minutos, porque eso ni siquiera es real". –Jerrilynn Patton

Patton se cansó de Dark Energy poco después de su salida. Quería hacer algo diferente. En una de las carpetas de sonidos en su MPC, se encontró una flauta Ney –un instrumento de viento prevalente en el Medio Oriente. "Me atrapó, y me tocó de una manera que fue muy profunda", recuerda Patton. "Inmediatamente supe que esa química estaba ahí".

Luego, añadió hi-hats. Luego voces. "Tenía unos 'Oohs' y 'Ahhs'", dice Patton de los sonidos predeterminados en su MPC. Pero llegó al final de la canción y chocó contra un muro. "El track era tan enérgico para mí que me estaba costando terminarlo". Le tomó cuatro días para construir el final perfecto –y dos semanas en total para completarla de principio a fin. No se disculpa por la cantidad de tiempo que necesita para asegurarse de que sus tracks estén completos. Esa determinación para armar cuidadosamente cada sonido es lo que hace que sus producciones sean tan únicas. "Estoy bien con el hecho de dejar una canción y luego volver a ella, porque nueve de 10 veces voy a sentirme más refrescada después de haber dormido".

Patton, una autoproclamada "persona hogareña", oscila entre dos mundos totalmente diferentes: la solidad y la familiaridad de su vida en Gary, y la emoción de lo desconocido. Durante la grabación de Black Origami, esa sed por nuevas experiencias la llevó hasta India, donde grabó algunos de los temas del álbum. Primero fue a Bangalore en 2016, para visitar a su amiga y colaboradora Avril Stormy Unger, una coreógrafa y artista de performance local. Patton ha hecho tres visitas adicionales a la ciudad desde entonces, y pasó 21 días allí durante su más reciente viaje. En ese tiempo, le dio los toques finales a Black Origami y se presentó con Unger en una transmisión abarrotada de Boiler Room en Bangalore.

El álbum terminado no fue lo único que se trajo a casa. Mientras estuvo en India, Patton registró la historia de su vida en tres tatuajes en sus dedos: una cara gruñona, tres puntos verticalmente alineados y una clave de Fa.

La cara gruñona, dice, simboliza sus años desde que era adolescente hasta que era una joven adulta, cuando no tenía autoconfianza por sus experiencias con el bullying. Los puntos alineados representan la mitad de sus 20, cuando encontró su sentido de identidad. La clave de Fa marca el momento en el que descubrió su nicho en la música siendo adulta –una devoción por el bajo, con sus vibraciones escalofriantemente profundas. Cada tatuaje juega un papel en su historia, según explica, porque no estaría donde está hoy en día sin los golpes y moretones de su travesía. "Tuve que pasar por todo en mi vida para llegar a este punto", dice Patton. "Y todo es importante porque todo juega un papel en tu vida".

Con todo y sus éxitos, la mente de Patton está tan inquieta como siempre. Algunas mañanas, dice que se despierta preguntándose por qué decidió ser una productora musical. A veces, incluso se cuestiona por qué la gente compra su música.

Ha pasado una hora y media desde que se presentó en el SmartBar en Chicago, y se está comiendo una rebanada de pizza de queso y está bebiendo un juice box en el Big G's Pizza al lado. Ha estado despierta, trabajando en música nueva y preparándose para sus próximos shows, desde las 6AM. Y ya que su álbum sale en pocos días, ha estado haciendo llamadas para asegurarse de que todo esté bien con la promo y el sello.

"Sí pude trabajar un poco, pero me frustré", explica. "Solo pensaba en que tengo un show, y luego otro mañana [en Seattle]. Mi mente estaba en demasiados lugares como para sentarme ahí y crear".

Tomó algunas vitaminas B12, pensando que la ayudarían a sobrevivir el día, pero dice que ya tenía sueño de nuevo a las 11AM. "Todo lo que tengo en la mente en este momento es hacer música para este ballet".

El ballet del que habla es "Autobiography", una producción que viene en Octubre del coreógrafo de danza moderna Wayne McGregor, tal vez mejor conocido por su trabajo ganador de premios cuando tenía una residencia en The Royal Ballet. Patton no está segura de si McGregor había escuchado su música antes de su colaboración, pero los presentó Mat Schultz y Gosia Plysa, de Unsound Production, quien maneja el booking y el desarrollo de proyectos para Jlin.

"Quiero que la gente sepa que cada vez que me siento en esa silla [de mi estudio casero] para crear, es una lucha", me dice. "No soy una de esas productoras que se sienta y hace algo en dos minutos, porque eso ni siquiera es real".

Pero la paciencia de Patton es lo que hace que su música sea tan hermosa. "Holy Child", de Black Origami –una colaboración con William Basinsk llena de percusiones que colapsan y voces etéreas, y una de las canciones que planea tocar esta noche– es un buen ejemplo. Dice que es una dedicatoria a DJ Rashad, quien, aunque trabajaba más cerradamente con el footwork, compartía su inclinación por llevar la música con la que creció a territorios desconocidos. Dice que "Reverb", el track oscuro de Double Cup –un track mareado y con enfoque en los bajos que prácticamente no tiene beat– todavía le da escalofríos. Su dedicatoria a él produce una atmósfera similar. "Realmente quiero que el oyente entienda su legado", dice. "Es muy profundo y todavía inspira a muchos [productores, bailarines y fanáticos]. Será una leyenda por siempre".

Admite que trabajar con Basinski –conocido por su composición en cinta, Disintegration Loops, un tributo al 11 de septiembre– fue un poco intimidante al principio. "Ese track fue muy difícil para mí, porque mucha gente me decía, 'William hace este tipo de música, y tú haces este otro tipo de música", dice Patton, señalando el uso hábil que tiene Basinski con los metales en su catálogo. El estilo de composición de Basinski es típicamente más orquestal por naturaleza, mientras que el de Patton es más digital.

Pero Patton hizo que funcionara. "Me envió su pócima, y yo hice la magia", dice riéndose. "Esas son sus palabras".

Minutos antes de subir al escenario, mientras le notifica al staff que regresó de comer, alguien le ofrece un trago. Lo rechaza cortésmente y me dice, "No creo en beber mientras trabajo".
Bolas disco y estrobos parpadean desde el techo mientras Patton arranca su set, moviendo la cabeza al ritmo del beat. Mientras se pasea por sus gemas –"Guantánamo", "Hoy Child", "Black Origami"– su estrés de más temprano parece derretirse. Luego comienza a tocar "Nyakinyua Rise" –un track con gritos de guerra y cencerros esporádicos– y recuerdo cuando me dijo que lo inspiró un viaje que hizo con su madre a Kenya el año pasado. "[Lo] quería dedicar a los niños de Nyakinyua, Kenya", dijo Patton. "Su viaje me inspiró a renunciar a mi trabajo, porque me di cuenta de que hay todo un mundo por ver".

Hay tantas capas de velocidad y flujo a las cuales aferrarse durante su presentación, pero a muchos de quienes bailan en el público predominantemente blanco les cuesta seguir el beat. Pero eso es lo que ocurre con la música de Patton: te lleva a lugares donde bailar bien no parece importar. Su set se arma climáticamnte hasta que estás arriba en las nubes, con las manos en el aire, los ojos cerrados y el cuerpo moviéndose por la pista de baile como si la gravedad no existiera. Patton está despegando hacia el cielo, y quiere que también conozcas esa sensación.