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¿Cómo fue que Enya se convirtió en una de las artistas mejor pagadas en el mundo?

La irlandesa sobrepasó en ventas a Aretha Franklin, Duran Duran y Black Sabbath.

Este artculo se publicó originalmente en THUMP Reino Unido. El reloj apunta las dos. El sonido te despierta de tu ligero sueño al cual entraste a medias hace solo un par de horas. Has estado teniendo problemas con tus horas de sueño, pero estás tratando de no preocuparte demasiado. No es nada, te dices a ti y a los demás, este problema pasará porque así son las cosas. Ahora que estás despierta, caminas por la oscuridad, te diriges hacia el baño donde por instinto encuentras el interruptor de la luz. Tu cara se refleja en el oro de tu espejo y ese oro a su vez se refleja en el mármol y en la lujosa bañera de Lusso Stone que tienes en tu baño. Así es, eres Enya y vives en el Castillo Manderley, Killiney en Irlanda; y cada día que pasa te preguntas como fue que terminaste ahí.

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Ella no es la única que se lo pregunta. Después de todo, no es cosa de todos los días que una introvertida y tímida músico de new age de Irlanda venda 75 millones de albums alrededor del mundo y que junte una fortuna de casi cien mil millones de libras, ¿no? Solamente por ventas de discos, Enya se colocó por encima de Duran Duran y Black Sabbath y está a la par con otros grandes nombres como Bob Marley, Kiss y Kenny G. De alguna manera esta tímida artista, quien parece haberse mantenido alejada de los rigores de la industria, se ha transformado a sí misma en una central de energía, mientras se mantiene mítica, desconocida y distante mientras vende más discos que prácticamente todos los artistas allá afuera.

El teléfono suena y hace eco en toda la casa. Tu alcanzas a contestar, pero como son tan pocas las llamadas que recibes hoy en día, por un momento olvidas que tu eres la persona que debe decir "¿Bueno?" primero. Así que hay un silencio incómodo, solo el sonido de dos respiraciones transmitiéndose a la nada en un enlace entre teléfonos. La voz del otro lado comienza a murmurar algo entendible. La voz que suena es rica y poderosa y pertenece al director Peter Jackson. Él quiere que grabes una canción para su próximo filme del Señor de los Anillos. El futuro se ve prometedor y tú te preparas para ir a Nueva Zelanda. No sabes que en determinado momento, ganarás eventualmente una nominación al Oscar por esa canción, y mucho menos te imaginas que vas a tocar esa misma rola durante la elegante ceremonia. Las noticias de que esa canción llegará al número 47 de las listas de popularidad austriacas está en algún momento del futuro próximo.

Enya hace ese tipo de música que no debería ser vendida en grandes cantidades. No estamos diciendo que no se merece todo lo que tiene, ni tampoco es este un prejuicio en contra de su fiel y gran base de fans, simplemente queremos resaltar lo fantástico que resulta su éxito y su larga trayectoria. Es fácil ver porqué Adele o One Direction o Los Rolling Stones tienen tal influencia en la industria. Similarmente pasa con los U2, Eagles o Aerosmith también, quienes también apelan a los instintos básicos del hombre moderno.

Las cosas estaban cambiando muy rápido. Demasiado rápido de hecho. Más rápido de lo que cualquiera pudiera pensar en manejar. La banda no ha funcionado, el banco rechazó tus solicitudes y ahora tienes que vender tu saxofón solo para sobrevivir. Cuando te mandaron al internado con las monjas nunca pensaste que algo así te pasaría algún día. Nunca debiste vender tu saxofón y nunca debiste abandonar Clannad, y aquí estás, sin banda y sin sax, cuestionándote hacia donde se dirigirá tu vida y qué les depara a ti y a tu música. Así no es como las cosas deberían de ser, oh no. No así.

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¿Quién es Enya, entonces? ¿Porqué Eithne Pádraigín Ní Bhraonáin ocupan un lugar tan elevado en el salón de la fama de las leyendas musicales? La gran oportunidad de Enya vino en 1987, después de que se le pidió un soundtrack para una serie televisiva llamada The Celts. Así como sugiere el nombre, el programa era una exploración de la cultura celta y su mitología y el talento de Enya es perfecto para añadir un toque etéreo. Habiendo coqueteado con la fama durante un buen momento en su primer grupo, Clannad, el tiempo de brillar de Enya había llegado. Resulta que el mundo de la Guerra Fría, había sido aislado –como siempre– por la inestabilidad política y la corrosión social. Ella fue una artista irlandesa con un perfil muy bajo y con gustos para vestir en pieles negras de motociclista. Dos años después y Enya estaría sacando el realease que le valió el marcar sus huellas en el (muy metafórico) Salón de la Fama del New Age.

A pesar de haber lanzado 9 albums y 21 sencillos en el lapso de una década, pasando por los BRITs, Grammys, Ivor Novellos y Billboards por ese camino, Enya es todavía mayormente reconocida por "Orinoco Flow (Sail away)". "Orinoco Flow es uno de esos extraños objetos de la cultura pop que demuestran que el goce de las masas no siempre tiene que ver con la estupidez. No estoy argumentando que escucharla es equivalente a pasar tres días encerrado en un conservatorio con Xenakis y Stockhausen como compañía, pero si mirar hacia atrás y escucharlo ahora mismo, tres veces seguidas y luego regresar y decirme que no es uno de los hits #1 más extraños de UK. Esta rola, llevó a su autora hacia una envidiable fortuna y la estableció como una artista capaz de vender música muy poco comercial a audiencias más grandes de lo que muchos pudieran soñar.

Uno de los más grandes errores que haz cometido en tu vida es la de pasar años y años soñando con una alberca hecha de dinero. La visión vino a ti cuando eras un niño, tu casi podías sentir el oro y la plata rozar con tu piel cada que cerrabas los ojos. Esta visión se quedó contigo cuando fuiste un adolescente. Una vida que llevarías dentro de tu cabeza a la cual una monja jamás tendría acceso ni podría amonestarte o castigarte por esos pensamientos. Viene a ti en flashbacks. Tu ves el oro y sientes el frío. Y una mañana tu ves que tu sueño se ha convertido en realidad: alguien más depositó ocho millones de monedas en una alberca. El sueño ya no era tuyo.

El éxito de Enya, su eterna presencia en los anuarios de historia de la música es, por lo menos, causa de una cambinación de talento crudo (ella es una absurdamente buena música, escritora de letras y compositora) y un rechazo a tocar en cada propuesta que se le presenta, si es que llegase a hacerlo sería con lo relacionado a la cultura celta. Los tiempos demasiado complejos exigen medidas culturales fuera de lo común -cuando incluso el Papa piensa que el mundo se asemeja a una "inmensa pila de suciedad" es comprensible que millones y millones de nosotros busquemos consuelo en lo fantástico.

Enya no es mucho más que un subproducto del inexorable ascenso de lo irreal como en las películas de Marvel, J.K. Rowling y Minecraft, pero más importante aún que eso, es la prueba definitiva del castillo con el que puedes protegerte de los implacables horrores de la vida a través del arte. Una presencia etérea que no quiere jugar el juego de la fama y ha construido una base de fans tal, que ella ya no tiene de qué procuparse. Enya es, a su manera celta cósmica, la encarnación perfecta del poder de la matriz como una poder para librarnos del mal. Y tal vez sea tan simple como eso.