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Historias desde la pista: un introvertido en Ceremonia, el festival que el viento (casi) se llevó

Un vistazo a #CeremoniaEnDomingo, el ave fénix de los festivales.

Desde hace varios años tomé distancia de los festivales de música y no porque no me guste la música sino por todos los inconvenientes que la asistencia conlleva: el clima, que si hay sol, que si hace frío, que si llueve o que si no; las distancias, los precios del boletaje y desde luego los precios dentro del festival, ¿qué tal los precios del agua? los baños portátiles, las telecomunicaciones colapsadas, los retrasos, los gritos, los pisotones, los incrospitos, los posones y sobre todo las multitudes. 

Quizá peco un poco de misántropo pero con menos de 1.67 metros de altura resulta difícil alcanzar a ver algo más allá de las cabezas vibrantes, que en ocasiones se abren sólo para volver a cerrarse justo en el momento en que pensabas que al fin verías algo. Nada personal, sólo tuve que tomar sana e indefinida distancia. Indefinida hasta que el anuncio del cartel de Ceremonia se alineó con la quincena y decidí sobreponerme a mi fobia, mi codicia y mi languidez. 

Cartel Ceremonia 2017

Día 0: No salir de fiesta, dormir tan temprano como el noctambulismo lo permita porque no queremos ser una fritanga ante una situación tan arriesgada y emocionante, ¿cierto?

Día 1: Elegir un outfit apropiado para el inhóspito clima del Estado de México. Calor en el día y mucho frío en la noche, decían las recomendaciones oficiales del festival. Un outfit de nómada, que aguante el sol y el polvo pero también el frío. Tenía que ser práctico y cómodo, sin hacerme ver como el inadaptado mayor en ese efímero microcosmos de "lo cool". Conclusión: No pienses demasiado en el tema. Si vas cómodo, vas a sentirte cómodo.

Te aprovisionas, te entusas y emprendes camino por los retacados senderos del sistema de transporte colectivo de la ciudad hasta que te das cuenta que falta lo más importante: el boleto. ¡Felicidades, ganaste sistema de transporte colectivo! Pero no pasa nada, ibas con anticipación y tu llegada tardía será casi imperceptible entre la chilanguidad. 

El traslado se convierte en un paréntesis casi placentero hasta que te asomas por la ventanilla y un collage que yuxtapone el hacinamiento de las afueras de la ciudad con lo vasto del paisaje rural, te pone a pensar en la desigualdad, las inclemencias de la política nacional y por qué México es un país de países pero no importa, el navegador dice que estamos cerca.

Fotografía: Val Anzaldo

Un par de minutos que se sienten como media hora y estás ahí pero el ambiente se siente enrarecido. No se respira la jovialidad carnavalesca que caracteriza este tipo de festivales. Hay gente corriendo de un lado a otro y la imaginación hace lo suyo para remitirte al escenario de una catástrofe pero no te quieres preocupar. Nunca, desde que tienes memoria, han cancelado un festival antes de que empiece pero pasan las horas y mientras la información en el mundo real es escasa, los rumores, filtraciones y fatalismos ponen al pajarito de Twitter color hormiga en el mundo digital. 

Finalmente un comunicado oficial anuncia lo peor: Ceremonia se cancela por causas de fuerza mayor, es decir, las intempestivas condiciones climatológicas del Estado de México. Entonces las redes se llenan de haterismo y sano humor. Las juiciosas conciencias del Internet empiezan a arrojar culpables, como si absolutamente todo se pudiera prever. 

De manera no oficial, nos enteramos que hubo daño estructural en uno de los escenarios debido a una fuerte ráfaga de viento y mientras muchos quieren ver cabezas rodar, te acuerdas de un video que viste con morbo tiempo atrás, en el que un escenario colapsa sobre la multitud, convirtiendo la celebración en tragedia. 

El regreso con manos vacías es inminente pero la emoción y las provisiones siguen ahí, así que negarse a un plan b se hace casi imposible. 

Fue una tarde muy bizarra. El humor en las redes sigue fluyendo pero algunas fuentes no oficiales mantienen la esperanza viva. Al principio eran rumores: que Björk y Nicolas Jaar se quedan, que M.I.A y Floating Points se van pero Underworld también se queda. La incertidumbre no te deja saber hasta dónde estirar la fiesta de despecho que traes hasta que todo culmina con un #CeremoniaEnDomingo. 

Es un hecho, los vas a ver a casi todos pero las provisiones ya sufrieron bajas, al igual que tu integridad física y el sentido de responsabilidad dominical te hace pensarlo dos veces. La multitud está enardecida y exige su reembolso pero la solidaridad de los artistas y el semblante de ave fénix del festival no te dejan desistir. 

Día 2: Mismo procedimiento del día anterior pero todo es más difícil porque ya te gastaste lo que tenías destinado para el festival, incluyendo al físico; porque el aire de la región va a ser el mismo, el escepticismo te invade y porque es domingo. Y porque hubo cambio de horario.
La sensación al entrar es lo más parecido a cuando eras morrito y llegabas al parque de diversiones. La inmensidad del festival se extiende ante tus ojos. Hay gente contenta por todos lados y un chingo de cosas que hacer más allá de la escaleta de presentaciones que venías planeando desde tiempo atrás. ¿Por dónde empezar? pues qué mejor que una excursión de reconocimiento y de paso la primera cerveza para celebrar que al fin estás ahí. 

Hay tanto por hacer que hasta quisieras que durara varios días para poder hacer de todo. Los juegos mecánicos, las peleas medievales, las carpas alternas, los juegos mecánicos otra vez y todo esto sin perderte las presentaciones que te llevaron hasta ahí en primer lugar. 

DJ Klang en la carpa Ley Seca de Ceremonia 2017 | Fotografía: Val Anzaldo

La primera parada fue la carpa , que en esta edición rindió homenaje al . Por edad, nunca conocí el icónico club pero definitivamente me sentí en otro lugar. A pesar de estar recién llegado y todavía no muy encanchado, no pude evitar cerrar los ojos y empezar a mover la cabeza y los pies con los atasques de . Al cabo de un par de temas logré sentirme parte de la esquina underground de Ceremonia, lo que pasó en Ley Seca fue sólo una proyección en chiquito de todo lo que pasa o puede llegar a pasar en una ciudad tan surreal como lo es la capital de nuestro país.
Ley SecaMedusas, primer club de música electrónica en MéxicoDJ Scorpio 69

Habría bailado por horas de no ser porque recordé todo lo que quería hacer durante mi corta estancia en el festival. Lo siguiente que encontré, fue una de las mejores ideas que alguien haya tenido para un festival: adultos bajo la influencia jugando a ser niños por un día + juegos mecánicos. Ese detalle le dio total congruencia a mi sensación de parque de diversiones. 

Es increíble cómo el tedio de hacer fila se va convirtiendo en rush mientras te vas acercando a la Kong Tower, no sabes si ese escalofrío se debe estrictamente a los nervios o si te está pegando lo que te comiste. El punto es que estás ahí, con el chaleco de seguridad sobre tu pecho y no hay vuelta atrás, básicamente porque estás suspendido en el aire a no sé cuántos metros del festival. Conclusión: estoy seguro que así se siente cuando el Millenium Falcon salta al híper espacio. 

Considerando el tiempo de traslado y la posibilidad de encontrar caras conocidas en el camino decidí acercarme al escenario Corona, donde se presentaría uno de los show qué más estuve esperando. Encontré el mejor lugar, justo al centro de la cabina de audio. Me gusta ese lugar porque la gente que está dentro mezcla todo para que se escuche bien AHÍ y no en la primera fila.

Nicolas Jaar en el Escenario Corona de Ceremonia 2017 | Fotografía: Daniel Patlán para Noisey México

El cielo empezaba a teñirse de rojo cuando el sonido tan característico de se apoderó de la atmósfera y nos puso a todos a volar. A decir verdad es un proyecto un tanto peculiar. Uno pensaría que en ese tipo de festivales lo que mejor funciona es el desmadre y algo distinto podría resultar contraproducente, pero la gente que lo vivió y estuvo ahí –con ese cielo al fondo y con esa música tan exquisita– podrá confirmar lo que voy a decir: Aún hay espacio en este mundo para los creadores de música y para los soñadores de sueños, como dijo Arthur O'Shaughnessy tiempo atrás.
Nicolas Jaar

Todo iba bien y el tiempo pasó volando hasta que, por alguna razón que desconozco, Nico cortó de tajo al viejo estilo del coitus interruptus. Más allá de cualquier reclamo o conjetura, sólo quedaba correr al otro escenario para alcanzar a ver a la alienígena favorita de todos.
No sé qué tan tarde habré llegado pero fue justo a tiempo para escuchar lionsong, uno de mis temas favoritos de Vulnicura. Encontrar lugar junto a la cabina fue más complicado pero finalmente me planté un buen spot. A pesar de ser mi tercera vez en un show de Björk, no sabía qué esperar. Es decir, tenía una buena idea pero había un par de variables de mucho peso y no estaba seguro bien a bien cómo podría funcionar. 

La sensación general fue de equilibrio, un show casi terapéutico, así, de lágrima y todo. Por un lado está Björk con toda su fuerza, emotividad y outfits que cada vez dejan menos duda sobre su origen extraterrestre; luego Arca, que también es personaje de otro mundo aunque un tanto más oscuro y atrás de todo, sujetando el show como una telaraña, la orquesta de Odilón Chávez. 

Estos componentes fueron la suma perfecta para crear una paradoja entre el ser humano y la máquina, lo visceral y lo preciso, lo acústico y lo electrónico, la naturaleza y la tecnología, la luz y la oscuridad. Es decir, un extraño equilibrio entre opuestos que creaba una sensación de ambivalencia, similar a la que se vive durante una ruptura amorosa, donde el individuo sale adelante sorteando disyuntivas entre el pasado y el futuro, entre uno mismo y el otro, entre la posibilidad y la renuncia, entre la libertad y miedo. De esta manera, aunque la selección fue variada, el show en general se sintió muy Vulnicura.
Sin mucho tiempo para digerir lo que acabábamos de ver, nos trasladamos al otro escenario para cerrar con un clásico de clásicos, que además resultó particularmente emocionante gracias a la vigencia que le dio regreso de Trainspotting. Underworld fue la fórmula ideal para cerrar el festival. A pesar del frío y el cansancio, el dueto británico le regaló a los asistentes de Ceremonia la combinación perfecta entre energía y nostalgia para poder regresar al mundo real con una sonrisa de oreja a oreja. A pesar de lo accidentado que fue todo, puedo decir que lo disfruté mucho y lo volvería a hacer cuantas veces sea necesario, siempre y cuando haya juegos mecánicos y un cartel bien curado.

Gerardo Barrera está en Twitter.