Todas las fotos: Cortesía de Bassiani

Bienvenido al nuevo Berghain

Ir de fiesta a Bassiani es tomar una postura política en contra de la homofobia y las estrictas políticas de Georgia hacia las drogas.

por Bo Hanna; traducido por Jens van de Meulenhof
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jun. 20 2017, 4:02pm

Todas las fotos: Cortesía de Bassiani

Este artículo apareció originalmente en THUMP Países Bajos.

Tal como Berlín, Tbilisi, la capital de Georgia, es una ciudad moldeada por su historia reciente de guerras. Georgia ha estado envuelta en muchas guerras en el transcurso de los últimos 25 años, lo que ha ocasionado que haya una pobreza rampante. Pareciera que la juventud de Tbilisi quiere olvidar estos eventos a través del baile y perdiéndose por completo en los clubes locales, lo que está avivando el crecimiento de la escena dance underground de la ciudad.

Clubes como KHIDI y Mtkvarze abrieron en Tbilisi hace algunos años, y está el espacio gay-friendly Café Galleri. Pero es Bassiani, un club industrial erigido debajo de un estadio de futbol, el que ha puesto recientemente a la ciudad en el mapa. Después de que Nina Kraviz, Speedy J, John Talabot y otros DJs famosos hayan pasado por sus puertas, el club comenzó a ganar reconocimiento en la escena global del house y el techno.

Bassiani fue fundado en 2014 por Tato Getia, Zviad Gelbakhiani y Naja Orashvili como un club con un elemento político y activista. Su objetivo principal es alzarse contra las políticas extremadamente estrictas de Georgia hacia las drogas, y combatir la homofobia por medio de fiestas queer gratuitas.

"Hay una política de tolerancia cero contra las drogas en Georgia", explicó Getia durante nuestra entrevista por Skype. "Es muy sencillo: Legalmente, no importa si cargas un miligramo de MDMA o un kilo de heroína. Todas las drogas y todas las cantidades caen en la misma categoría. Recientemente, arrestaron a un amigo nuestro porque cargaba cuatro gramos de MDMA, lo que significa que ahora lo puede enviar [por 20 años a prisión]".

Gelbakhiani me contó que los ciudadanos en Tbilisi usan drogas como un medio para lidiar con los horrores del sistema político del país. "Aunque casi todas las personas que van a los clubes conocen a alguien que está en prisión, la gente sigue encontrando la manera de obtener drogas", añadió.

De acuerdo a los dueños de Bassiani, es tan caro como difícil encontrar drogas en Georgia. "Aquí no puedes encontrar cocaína ni GHB. En Tbilisi solo puedes encontrar MDMA, XTC, hash y mota", explicó Getia. Según él mismo, el precio de un gramo de MDMA varía entre 110€ y 120€; solo una pastilla cuesta alrededor de 50€, y un gramo de hash o mota cuesta entre 60€ y 70€. Los tres dueños también resaltaron que hacen búsquedas de drogas legales en las puertas.

Todas las fotos cortesía de Bassiani

Cuando le pregunté a Getia sobre las razones detrás de la creciente popularidad de Bassiani, dijo que muchos de sus visitantes vienen de fuera del país, especialmente de Europa central y Rusia. "Para los rusos, la vida nocturna aquí es comparable con la europea en Berlín, Ámsterdam o Londres, y Tbilisi está relativamente [cerca de Rusia]", dijo.

Gelbakhiani dijo que lo que hace que la vida nocturna en Tbilisi sea tan extraordinaria es que no está estancada en una rutina específica. "[Hablando desde mi propia] experiencia, sé que en otras ciudades europeas como Londres y Berlín ha sido así por años", dijo. "Mientras que aquí, es algo nuevo. Los DJs responden [a los sets en Bassiani] de forma muy positiva porque sienten la energía y el entusiasmo de la audiencia".

Vincent Theunissen, de 26 años, es un fanático de los clubes de Ámsterdam que visita frecuentemente Trouw, Cruquiusgilde, About Blank, De School y Berghain. Cuando vivía en Berlín en el 2014, Theunissen conoció a muchas personas de Georgia que le contaron sobre la escena nocturna en Tbilisi. Cuando decidió visitar después a estos nuevos amigos, sus amigos en Berlín estaban asombrados. "Muchos de ellos no podían entender por qué visitaría un lugar como ese", recuerda.

"Fui a Bassiani –también llamado el Berghain de Tbilisi– por dos fines de semana", continuó. "El cartel increíble me impresionó. En mi primera noche, [el DJ/productor de Giegling] Konstantin tocó un set ambient. En un punto puso "Ave María" y la audiencia se volvió completamente loca".

"Parecía que estaban rezando en la pista de baile, como si la generación más joven hubiera creado una nueva religión", dijo Theunissen.

Los amigos georgianos de Theunissen le dijeron que el contraste entre la vida cotidiana y la vida nocturna en Tbilisi es enorme. "El 90% de la población es cristiana, tradicional y muy conservadora", explicó, añadiendo que las personas se persignan cada vez que pasan frente a una iglesia, y te observan como si fueras de otro planeta mientras sales del club".

"Me sorprendió que la gente [en Tbilisi] fiestea hasta temprano en la mañana –probablemente sin drogas, porque si te atrapan con drogas te metes en un problema enorme", resaltó. "Un amigo mío estuvo en prisión por eso, y a veces fuerzan a las personas a hacerse exámenes de orina".

Además de sus políticas estrictas hacia las drogas, la homofobia generalizada sigue rampante en Georgia. Pero aunque Getia acepta que aquí ocurren incidentes homofóbicos serios, dice que la situación "no es tan dramática".

"[Los miembros de la comunidad LGBTQ] no se tienen que esconder, pero todavía hay un largo camino por recorrer cuando se trata de la emancipación y aceptación del grupo", dijo. Getia explicó que debido al pasado soviético de Georgia, el país está retrasado años atrás en comparación a Europa Occidental, especialmente en los temas de derechos humanos y homosexualidad. "Afortunadamente, nuestra generación se ha dado cuenta de que es tiempo de un cambio", añadió. "Intentamos activamente involucrar a la escena LGBTQ en nuestro club".

Las fiestas queer gratuitas y privadas de Bassiani son un ejemplo de esa exclusividad. La naturaleza de "solo por invitación" de estos eventos garantiza la seguridad de los asistentes, y en las noches regulares, Bassiani también usa un sistema de registro con el mismo propósito.

Gelbakhiani explicó que solo puedes comprar un boleto si estás registrado como miembro. "Tenemos un sistema para filtrar a la audiencia, lo que crea una buena atmósfera en el club. Sin políticas de acceso, vas a tener gente molesta o borracha que podría hostigar a los otros que estén dentro".

La segunda noche en la que Theunissen, quien es gay, fue a Bassiani, hubo un evento LGBTQ llamado Horoom. "No podía imaginar que una fiesta queer podía siquiera ocurrir en Tbilisi. Me tuve que registrar por anticipado con una copia de mi pasaporte, pero eso garantizó [mi] seguridad en el club", dijo. "Estuve agradablemente sorprendido de la atmósfera y de la audiencia mixta, la cual consistió en gente transgénero, gente gay, personas en drag y más. Todos vestían atuendos hermosos y se sentía muy libre. Había una energía sexual que normalmente solo había sentido en Berlín".

Getia, Gelbakhiani y Orashvili esperan que las futuras fiestas queer en Bassiani ya no tengan que ser privadas. Cuando les pregunté qué más querían lograr más adelante, dijeron que actualmente es muy complicado tanto para los DJs como para los asistentes el venir a Tbilisi.

"[Las personas] muchas veces tienen que esperar por un vuelo de conexión en Estambul, el cual se puede tardar hasta ocho horas, y los vuelos son caros. Afortunadamente, están construyendo actualmente una nueva terminal en el aeropuerto [de Tbilisi]", dijo Gelbakhiani. Con más atención extranjera, son optimistas con que se aflojen las leyes contra las drogas en Georgia. Mientras tanto, seguirán dándole la pelea a las políticas estrictas hacia las drogas y a las mentalidades homofóbicas en el país bailando en Tbilisi hasta temprano en la mañana.