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Siete escenas de películas que muestran la difícil relación entre los clubes y la ley

Las películas muestran a los clubes como lugares de resistencia política, evasión de impuestos y escándalos –justo como en la vida real.

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Este artículo se publicó originalmente en THUMP EUA.

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En nuestra serie Dancing vs. The State, THUMP explora la relación complicada entre la vida nocturna y la aplicación de la ley, antes y ahora.

Cualquier persona que ha salido de fiesta sabe que bailar puede sentirse como un acto revolucionario. Mientras que la música, el alcohol, otras sustancias y la urgencia para expresarse circulan en la madrugada de una noche en el club, hay un espíritu colectivo de éxtasis que se puede sentir, en el mejor de los casos, como una protesta. Es un caos controlado que se siente liberador –un espacio donde grupos de personas pueden afirmar su propia libertad, lo cual aplica especialmente a quienes tradicionalmente la sociedad no se los permite. En este respecto, el cine ha tomado ventaja del espacio socialmente ubicuo del club nocturno como una locación conveniente para piezas importantes de set que además resultan verse bonitas –solo piensa en The Social Network, Boogie Nights y 24 Hour Party People.

Pero como lo hemos visto a lo largo de esta semana, el gobierno muchas veces se atraviesa en el camino de tales momentos de dicha colectiva –ya sea a través de fechorías deliberadas o de trámites burocráticos. Con frecuencia esos conflictos son anticlimáticos, resueltos en audiencias con autoridades reguladoras o reuniones de comités de zonificación, pero a veces –como ocurrió el año pasado en Amnesia Ibiza– aparece la policía, cierra el club e incauta millones de euros en efectivo en conjunto con una investigación por lavado de dinero.

Debido tanto a este drama de la vida real como a la manera en que los clubes se han convertido en símbolos portentosos de populismo y colectividad, muchas películas también han escenificado conflictos climáticos en estos locales –bañando a oficiales de policía con luces enceguecedoras de neón y soltando a los fiesteros en un caos controlado. Cada vez que las películas enfrentan a los bailarines contra la ley, los enfrentamientos resultantes son sorprendentemente literales, pero eso puede ser lo que los hace tan catárticos; una escena de película que ofrece una suerte de cierre que un juicio larguísimo en la corte nunca podría lograr. Para celebrar esta oscura tradición cinemática, juntamos algunas de nuestras escenas favoritas donde se desatan batallas caóticas contra la ley dentro de los espacios de los clubes –desde redadas de la IRS en The Last Days of Disco, hasta la insistencia de John Wick en hacer sus propias reglas.

1. Collateral

El filme neo-noir de Michael Mann está protagonizado por un Tom Cruise canoso haciendo el papel de Vincent, un sicario despiadado que obliga a un taxista ordinario y renuente llamado Max (Jamie Foxx) a conducirlo durante toda la noche mientras tacha nombre de su lista de víctimas. Mann demuestra su estilo magistralmente temperamental de hacer cine en una escena memorable tipo "el gato y el ratón", donde Vincent persigue a un gangster coreano en un club nocturno.

Cada persona se mueve a través del club pulsante con una determinación tensa en sus rostros, escaneando la multitud amorfa de discotequeros que bailan para encontrar su objetivo. Aun así, el contraste entre el asecho meticuloso y el meneo relajado del público revela la violencia inevitable del crimen subterráneo, un tiroteo inevitable –en el que Vincent hiere o mata básicamente a todos– causa comprensiblemente un disturbio salvaje. Mann usa todo el asunto como una especie de declaración de contraste: la multitud de los clubes nocturnos ofrece un caos controlado, pero un asesinato requiere precisión.

2. Point Blank

Esta película de los 60, protagonizada por Lee Marvin en el papel de un gangster fantasmal buscando venganza contra un compañero de crimen que casi lo mata, cuenta una historia bastante simple y nihilista. Marvin deja un rastro de cuerpos en su estela mientras ahonda en la guarida del crimen underground de Los Ángeles, en la búsqueda de su excompañero. Se podría considerar a Point Blank como un anti-La La Land –la película ofrece una imagen severa de la California de los 60 como si fuera un desierto insípido y materialista. El filme también escudriña la contracultura psicodélica que flota en la superficie de la sociedad, y una escena en particular –una pelea salvaje tras bambalinas en un club movido y de colores caleidoscópicos– está entremezclada con la presentación de Stu Gardner, el cantante de soul del club, la violencia brutal del hombre y los gritos en primer plano del cantante rebotan entre sí de forma caótica. La escena parece sugerir que tanto la violencia como la música son manifestaciones de una especie de poder crudo.

3. The Last Days of Disco

Las relaciones, amistades y lealtades que se cruzan con la oda de Whit Stillman al fin de la era disco crean una red intrigantemente entretejida que resulta en un clímax satisfactorio en The Last Day of Disco –el arresto del dueño de un club nocturno por evasión de impuestos. El club que es el centro de la historia de la película, notoriamente prohíbe la entrada de profesionales de cuello blanco como Jimmy (Mackenzie Astin), quien trabaja en publicidad y quiere impresionar a sus clientes llevándolos a los locales más sofisticados.

Pero no tuvo suerte –en cada intento de entrar terminan echándolo y, eventualmente, vetándolo del establecimiento. El círculo social de Jimmy se mantuvo ambivalente sobre el club disco –Alice (Chloe Sevigny) y Charlotte (Kate Beckinsale) no tienen problemas para entrar, pero ellas son, después de todo, dos mujeres jóvenes y atractivas. Su conocido Josh (Matt Keesla), un fiscal de distrito asistente, se involucra en el caso contra el club, y Des (Chris Eigeman), un gerente de club a punto de perder su trabajo, se salva al juntar suficiente evidencia de drogas contra los dueños presumidos del local. Resulta ser que los clientes de Jimmy son de la IRS, la excusa perfecta para obtener una orden de registro del club y desenterrar algunos narcóticos incriminatorios escondidos en el opulento club.

4. Miami Vice

Los primeros 10 minutos de otro filme de Michael Mann con una notable escena en un club nocturno nos presenta un grupo de detectives encubiertos, liderado por Sonny (Colin Farrell) y Tubbs (Jamie Foxx). Se les asigna un club floreciente y pulsante, pero mientas innumerables bailarines brincan y saltan frente a grandes pantallas que destellan con abstracciones cromáticas, los detectives están pendientes de su objetivo con una mirada dura, con sus pupilas brillando casi sospechosas debido al resplandor de las luces del club. Es una escena de apertura intensa, en la cual los detectives han planeado un golpe tremendo contra una red de prostitución, pero poco después la operación es interrumpida por motivos más urgentes.

"Su día llegará", murmura Sonny mientras el criminal desaparece detrás de un elevador. Esta escena completa es tan larga que no una, ni dos, sino tres canciones suenan de forma diegética como música club: "Numb/Encore", de Jay Z y Linkin Park, el Heavenly House Mix que hizo Felix da Housecat a "Sinnerman", de Nina Simone, y el remix de We Are Glitter de "Strict Machine", de Goldfrapp. Esta mini-banda sonora ofrece la introducción perfecta de nuestro ensamble encubierto y el autocontrol que deben mostrar en el trabajo, mientras que los rodean las luces de neón, chicas girando y beats con bajos zumbantes.

5. Robocop

¿Hay alguna cosa más absurda que la imagen de un policía robot plateado dentro de un club coloridamente iluminado, rodeado de humanoides carnosos y sudorosos? En la Robocop de Paul Verhoeven, el protagonista epónimo entra a un club nocturno para rastrear a un criminal que conoce el paradero de otro personaje. Cuando el criminal se rehúsa a colaborar, Robocop le muestra quién manda.

Esta escena en el club es única por ciertas razones. Primero hay una toma breve y oscura de Verhoeven dando una paliza maniática que es casi indetectable. También está la hermosa cinética de esta escena, como cuando Robocop le derriba el arma de las manos al criminal, catapultándola a la mano de uno de los bailarines, el cual se encoge de hombros y sigue bailando. Ninguno de los asistentes parece remotamente aterrado o ni si quiera consciente de la presencia del pesado robot –quien probablemente no está en la pista de baile con la intención de mover la colita. La película parece decir que, extrañamente, el bailar en un club y la policía robótica pueden funcionar en tándem.

6. John Wick

En John Wick no se aplica la ley. O no hay ley, hablando estrictamente. Solo hay reglas y códigos establecidos por el inframundo criminal que determina lo que está permitido. Pero esta película de acción rigurosamente elaborada ofrece una analogía útil sobre lo que ocurre cuando aquellos que tienen poder afectan los manejos de los espacios públicos. Mientras que Wick no traiga su "trabajo" a los establecimientos considerados "muy limpios" para tal brutalidad –como el hotel Continental, donde él y otros asesinos se hospedan típicamente– se le permite llevar a cabo su venganza indetenible.

En la escena principal, John Wick rastrea a su objetivo primordial, Iosef Tarasov (Alfie Allen), el hijo mocoso y bruto de una importante familia de la red de crimen underground de la película, en el club Red Circle. Es dentro de estos espacios con iluminación pobre y titilante donde Wick comienza su misión de la muerte, liquidando a docenas de hombres protegidos por Iosef, astutamente abandonando y entrando en cada habitación como un nivel de un juego de video. El uso en el fondo del track seductor de Kaleida, "Think", añade un nivel adicional de sofisticación y sensualidad a una escena que está cargada mayormente con violencia brutal y sangrienta. El caos reina mientras John Wick interrumpe la armonía perfecta de los asistentes.

7. Casablanca

La música es el arma de elección en esta memorable escena en un club nocturno, entre Laszlo, un luchador de la Resistencia Checa, y su enemigo, el comandante alemán Strasser. Los oficiales nazis cantan la canción patriótica alemana "Die Wacht am Rhein", mientras que el resto de los invitados observan en silencio. Pero Laszlo no lo va a soportar.

Le pide a la banda tocar "La Marsellesa", el himno nacional de Francia, para expresar solidaridad con el país recientemente invadido. Con un gesto de aprobación de Rick, el dueño del bar, la banda cumple, y pronto el resto de los patrones se unen, ahogando a los nazis. Hay mucha tensión política en esta escena, y como resultado del desafío de Laszlo, Rick es forzado a cerrar su club. Es una señal de que la autoridad puede demostrar fuerza de formas innumerables –a veces involucra brutalidad y violencia obvias, y otras, a través de censura y opresión.