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La premiación DJ Awards de anoche fue un monumento a la mediocridad masculina heterosexual

En otras noticias, el Papa aún es católico y los osos aún disfrutan cagar en el bosque.

Josh Baines

Josh Baines

Las ceremonias de premiación, al menos para mi, siempre han sido un sinsentido especial. Dar palmadas en la espalda a lo audaz y hermoso, tienen tanto atractivo como un fin de semana húmedo en Rhyl con Jim Davidson, Freddie Starr y Buckaroo de compañía.

Anoche vimos la entrega número 18 de los mal llamados DJ Awards. Llevados a cabo en el súper poderoso club global, Pacha, fue sin duda un derroche de glamour deslumbrante. No podría saberlo porque estuve en casa, en los confines sombríos de Londres reparando mi bloqueado drenaje, pero imagino que hubo cocteles muy nice y comieron mini hamburguesas en un palillo mientras las mujeres en plumas y tacones se paseaban con bandejas de lo antes mencionado. Probablemente hubo muchos abrigos de piel también. Imagino mucho rojo, muchas ornamentas y un montón de muebles y cosas aspiracionales

De cualquier forma, demasiado para liberar mi Laurence Llewelyn-Bowen interno. Tiempo de ser serios: la única razón por la cual menciono un evento tan increíblemente irrelevante como los DJ Awards es porque realza un problema fundamental en la industria de la música dance. Un problema muy simple: en el 2015, la "música dance" sigue siendo de algún modo sinónimo de mediocridad por hombres blancos heterosexuales. No necesitas que te explique lo lejos que esto se encuentra de los orígenes del dance. Espero.

El llamado a las armas de DJ Awards 2015. No hay diversidad en la pantalla.

Los ganadores de anoche—además de Black Coffee, Carl Cox y Hannah Wants— fueron hombres blancos que, mayormente, hacen o tocan música increíblemente mediocre. Gente como Luciano (ganador al premio de mejor DJ de tech house), Hardwell (el mejor DJ del mundo de electro/progressive) y Armin van Buuren son dolorosamente irrelevantes, la clase de DJs estancados en lo mismo que fueron de los clubes a los estadios, cabalgando en la apatía y el dinero. Son nombres que no necesitan reconocimientos y el impulso que estos premios pueden ofrecer. Dicho francamente, la misma vieja mierda.

Más abajo pueden ver la lista de resultados y las cosas toman un poco más de sentido. La edición número 18 de los DJ Awards fue patrocinada y hecha en colaboración con un equipo que incluyo a Cafe Mambo, Ocean Drive Ibiza, Pacha Multimedia, Moët, Absolut, Pioneer, Mixcloud y Vicious Magazine. Las ceremonias de premios casi siempre tiene detrás esta clase de patrocinios que no modifican el hecho de que tan pronto como las marcas y negocios se involucran con los premios se altera de algún modo la meritocracia artística, sin falta de objetividad las cosas se vuelven—como sucedió aquí— faltas de autenticidad. ¿Por qué una noche hecha por una serie de marcas, llevada a cabo en un club que por si mismo es una marca, haría otra cosa que apoyar a la clase de DJs que, presumiblemente, se ven ellos mismos como marcas? Es la misma mierda de siempre y tristemente tiene sentido.

Aunque no espero ver que el premio a mejor DJ de deep house se le entregue a alguien como Larry Heard o Rick White en lugar de a Solomon, o que un nuevo acto de electrónica se lleve el premio en lugar de Disclosure, sigue siendo increíblemente triste ver que literalmente la cultura dance se haya blanqueado frente a nuestros ojos. Podrías argumentar que cosas como los DJ Awards no significan nada y estás en lo correcto, pero tristemente son un indicativo de como trabaja la industria. La originalidad, en los medios, y otras formas de arte, no sirve para generar ventas. Cada ganador de la ceremonia de anoche, todos los que ahora están sentados en un hotel sosteniendo su premio en la extraña forma que le dan, es un producto que representa seguridad de ventas sin importar el absurdo que representan en la música dance. Ese no es un juicio de valor sobre ellos como artistas—encontrar la energía para generar una opinión sobre Hot Since 82 está fuera de mi alcance. Es un juicio sobre una industria que parece más feliz que nunca—pues están haciendo mucho dinero de nuevo—aunque eso signifique aceptar la mediocridad.


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