Photo via Shutterstock.

¿Realmente tengo que elegir entre ser adulto o irme de fiesta?

Llega un momento en la vida en que despiertas y el guayabo se siente distinto...

|
ene. 30 2017, 5:19pm

Photo via Shutterstock.

Este artículo se publicó originalmente en THUMP UK.

La mañana después de mi último cumpleaños me desperté con un tipo distinto de guayabo. Después de entreabrir un poco mis ojos, la tenue luz del sol de septiembre me obligó a volverlos a cerrar, así que deslicé la mano ciegamente por la mesita al lado de mi cama tratando de encontrar mi celular. Eran casi las 3 p.m. El sabor agridulce de mi nueva edad me pegó de lleno. Ya no era elegible para descuentos de "jóvenes", ya no más "voy bien para mi edad", y lo peor de todo, ya nunca más podría ver South Park. Ya cumplí 25.

Si tienes cualquier edad rondando los 30 probablemente estás pensando: "25 no es viejo, cállate ya. Ni siquiera recuerdas bien Padres e Hijos" o algo así, pero sé que no soy el único que siente esto. Hay un momento a la mitad de tus veintes donde te ataca un pánico total porque te das cuenta de que A) ya no eres un adolescente y B) te vas a morir. Entonces viene el odio hacia tu existencia actual -una vida que de repente parece ser más que una nube de humo de cigarrillo, bolsas de drogas vacías y migajas de comida en tu colchón. Toda ambición postergada que tuviste se convierte en una prioridad inmediata.

Empiezas a sumar todas las horas que has pasado en noches de fiesta, y los lentos y poco fructíferos días que le siguen. Empiezas a imaginar un universo paralelo en el que nunca descubriste el alcohol, las drogas y a Omar-S. Empiezas a imaginarte todas la novelas que hubieras escrito y las relaciones que pudiste haber salvado, todas las personas que pudiste haber sido.

Mira a este viejito de 84 años enrumbado en Awakenings 2016

Pensaba que después de tomar mucha agua, desayunar algo y tomarme un RedBull me calmaría y superaría esta frustración, pero la realidad es otra. Desde entonces no he dejado de pensar que en algún punto de los próximos años, algo va a tener que ceder. Que voy a verme forzado a escoger entre taxis a las 5 de la mañana que me lleven a algún remate y carreras a las 8 de la mañana hacia la oficina. Se ha producido una especie de nudo existencial y es uno que en verdad resiento. Después de todo, ¿porqué habría de rechazar a Moodyman para cambiarlo por una vida adulta y saludable? ¿Que acaso no es posible tener una "vida adulta" y continuar emborrachándome cada fin de semana? No tengo que conformarme con una seria y linear madurez porque voy a vivir para siempre, ¿cierto?

En mi búsqueda por respuestas y aprobación, me propuse a contactar a otras personas un poco más viejas que yo para preguntarles cómo se las han arreglado para crecer en "fiestalandia". Por el bien de sus trabajos, amigos y familia, todos los que contribuyeron en este artículo cambiaron su nombre.

via Flickr.

Abandonar la vida nocturna no es algo de lo que nos guste hablar. Hay un ideal romántico que dice "no pienses en el mañana" y muchos de nosotros a los que nos gusta enfiestarnos, tomamos esta narrativa muy en serio como excusa para ignorar el futuro. Aunque la verdad, poder salir de rumba sin pensar en las consecuencias es un privilegio que pocos tienen. Para nosotros, el hedonismo como tal siempre va a estar luchando con la vida real, y en algún punto alguno ganará. Ya sea decidir cuando tomar un taxi a casa o cuando retirarse de la vida nocturna oficialmente.

Ben fue una de las primeras personas que respondió cuando busqué colaboradores en Twitter. Ahora en sus 30, habiendo trabajado por años en la música, se describe a sí mismo como alguien que "de repente, empáticamente e irreconciliablemente" dejó el mundo de los clubes y las drogas atrás. "Yo diría que la transición de "pretender" a "lo real" es una con la que estoy familiarizado", me dijo en un mail.

Gran parte de su decisión fue práctica. "En un plano meramente físico, para alguien en los treinta los bajones ya no son negociables, por ende eso hace que ambos mundos sean imposibles de co-existir", explicó. "Mi trabajo me pide funcionar desde los lunes a las 7 de la mañana. No es negociable". Él también se refirió a un cambio más fundamental que lo alejó de la cultura club -un cambio químico que lo dejó sintiéndose incompatible con el mundo. "La última vez que salí fue hace unos meses a un festival que amo, rodeado de mis personas favoritas y música increíble", recordó. "Teníamos una semana entera libre y tomé demasiadas drogas. Demasiadas. Como si tuviera 3 años menos, pero me di cuenta que nunca "llegué a mi punto". Estaba demasiado consciente de mi mismo. La pasé bien, pero ese fue como un punto de quiebre para mi".

¿Eres demasiado viejo para salir de fiesta?

Hay una explicación científica para esto. Las drogas pegan menos entre más las consumimos, especialmente las pastillas. El Profesor Andy Parrot de la Universidad de Swansea ha escrito mucho sobre los efectos a largo plazo del consumo de MDMA, y como, paradójicamente, las cosas que tomamos para hacernos sentir mejor muchas veces terminan haciéndonos sentir peor. El encontró evidencia empírica de una tolerancia crónica al MDMA, comprobando que la eficacia de los beneficios de las drogas se disminuyen considerablemente con el tiempo. Es un modelo que puede aplicarse a una noche de fiesta. La primera dosis puede ponerte a volar pero todo lo que viene después solamente te mantiene despierto. Tu primera pastilla siempre será un recuerdo increíble, pero 10 años después solo son un riesgo de que termines cajeando como loco.

Tal vez algunos de nosotros compartimos el mismo destino que Ben. Uno que, con el tiempo, deja de ser algo positivo y enriquecedor y se convierte en algo que te absorbe. Tomar una doble dosis solo puede incrementar los efectos negativos.

via Flickr.

Aún así, considerando todo lo anterior -y ténganme paciencia en esta porque aquí viene un "pensamiento radical"- disfrutar de la música no tiene que involucrar drogas. Lo que muchas veces confundimos con una conexión entre las drogas y el club, es realmente una conexión entre las drogas y los jóvenes. Sentir que eres demasiado viejo para los bajones no significa que eres demasiado viejo para ir a un club, o muy viejo para la música.

Para mi pesar, siempre he sido un poco escéptico de los "ravers sobrios". Es probablemente una forma de auto-desprecio pues no soy capaz de tal cosa. Simplemente no puedo imaginarme a mi mismo entre el público mientras toca Eats Everything, usando un par de lentes de neon, simplemente sintiendo la energía. La idea de convertirme en ese tipo de persona que se convence a sí mismo que "no necesito drogas para pasarla bien", mientras baila como un presentador de TV, me hace temblar.

Cuando la fiesta se convierte en un problema: cómo logré dejar de beber y drogarme

Dicho esto, tal vez salir de fiesta sobrio no tiene que significar un cambio total de identidad, donde ahora mejor vas a raves a las 9 de la mañana en pura cafeína. Aunque puede ser una alternativa poco atractiva, es una que puedes lograr y es una que funciona para muchas personas. Dan, con 33 años, un trabajo de tiempo completo y viviendo con su novia, me explicó que dejar las drogas le permitió continuar su relación con la vida nocturna durante sus treintas. "No estar sobrio, antes de la mitad de tus veinte, suena como una época distinta", mencionó. "La clave para mi ha sido una intrínseca pasión por la música. Yo puedo separar una noche de escuchar música de una noche dedicada a socializar y beber".

Aunque es admirable, la experiencia de Dan explica la principal complicación de salir sobrio, o de tratar de preservar tu vida nocturna en la adultez por completo. Si eres capaz de pasar la noche alimentado únicamente de tu amor por la música, entonces es fantástico, pero es poco probable que lo hagas acompañado de tus amigos. Esto fue de suma importancia para Finn (un manager de una startup en Nueva York de 31 años) quien se encontró a sí mismo en una relación con la música que no estaba muy de acorde con la de sus amigos. "En el momento en que mis amigos escogieron el vino y las tablas de quesos sobre las drogas y tener sexo sin sentido con un extraño, me di cuenta de cuanto amo la música", explicó. "Me di cuenta cerca de llegar a los 30, que mucha de la gente con la que salía realmente no me agradaba tanto, simplemente los veía como una oportunidad de salir, tomar muchas drogas y bailar".

Como resultado de esta separación, el número de noches de fiesta de Finn han disminuído drásticamente. "Lamentablemente tengo que decir que ahora salgo mucho menos. No tomar drogas y no tener amigos que quieran salir significa que muchas veces tengo que ir solo, ¡eso no parece muy atractivo!"

via Flickr.

Lo que queremos entonces es moderación, si es que tal cosa existe. Queremos descubrir ese equilibrio que nos permita tratar a las fiestas como algo que viene y va a nuestro antojo, sin tener que dejar ir una parte de nosotros en cada remate. ¿Pero es eso posible?

De las personas con las que hablé, solo un par dijo haber logrado una verdadera relación "sin compromisos" con la fiesta, la bebida y las drogas. "Para mi fue tan fácil como tomar unas cervezas con unos amigos durante la cena", dijo Kate de 32 años y un trabajo de tiempo completo. "Yo pude estudiar, obtener y mantener un buen trabajo, y salir durante los fines de semana; así como llevar mi vida ocupada lejos de los raves", lo cual es genial para ella, pero obviamente si así de fácil fuera para todos, probablemente seguiríamos comiendo tachas para el desayuno.

También se vale salir de fiesta sobrio

La respuesta más común está en algún punto entre irse de rave solo y apartarse de la fiesta por completo, en un limbo que probablemente le queda mejor la etiqueta de "todo con moderación, incluso la moderación". Stuart (quien trabaja en marketing, tiene 33 años y es dueño de una casa), le queda bien esta etiqueta. "House cada fin de semana no es realmente un modo de vida que pueda llevar más. Estos días, es más como house cada mes, o uno que otro fin de semana", admitió.

Para como lo ve Stuart, su tiempo en "fiestalandia" no va a llegar a su fin en ningún momento cercano y realmente tampoco su relación con las drogas recreacionales. Así fue como él estableció un vago set de principios para mantenerse siempre en orden. "Adaptar tu juego significa que podrás tener un par de años más en tu carrera dentro de los clubs", dijo. "Escoger tus noches y evitar los remates definitivamente ayuda. También, cambiar las pastillas por una línea de coca ocasional... es más fácil de regular y dormirás mucho mejor".

Stuart agregó un detalle interesante sobre su vida fiestera. Cuando le pregunté como había cambiado su relación con la vida nocturna con el paso de los años, lo describió en términos de altas y bajas. "Tuve un largo periodo de no salir mucho del 2010 al 2014, cuando estuve viviendo con mi novia de ese entonces", recordó. "Me aburría mucho. Entramos en la rutina de ir al pub un viernes en la noche, luego ir por curry o comida china, y luego ver The X Factor. Constantemente veía carteles de fiestas y pensaba '¿porqué no estoy yo ahí?'".

Stuart continuó: "Yo creo que mis 30 han sido mi época favorita para salir. Creo que hay una tendencia de cansarse de ir a los clubes a finales de tus 20. Pero he encontrado que tener responsabilidades más pesadas con las cuales lidiar en mi vida diaria, me da de hecho la motivación para salir los fines de semana".

Mientras recolectaba testimonios para este artículo, me contacto Sara. Ella cumple 53 este año y tiene dos hijos de 14 y 17 con una pareja anterior y corre un pequeño negocio desde su casa. Junto con su esposo, ella ha ido a tres viajes a Ibiza en los últimos años y se va de club de una a 3 veces por mes por todo Londres, desde el Phonox, al Ministry y al Fire. Sara es más del doble de mi edad y sale más de lo que yo lo hago. "Estoy realmente contenta con el nivel de fiesta que tengo, incluso tenemos fiestas en la casa cuando no vamos a clubes", me dijo. "Nuestros amigos se preguntan de dónde sacamos la energía, pero para nosotros es casi una necesidad. Me encanta la fiesta y hablar con la gente, e ir al club es perfecto para eso".

Le pregunté a Sara si creía que es posible disfrutar ambas, una productiva vida adulta y continuar yendo al club. "Tener una vida productiva es, de hecho, una ventaja", me contestó. "Tener hijos, responsabilidades y un trabajo de tiempo completo me mantiene con los pies en el piso. Yo se que el fin de semana llegará a su fin y que no puedo seguir y seguir. Enriquece mi vida y seguiré haciéndolo siempre y cuando me sienta a gusto con ello".

via Flickr.

La experiencia de Sara (aunque se acerca al territorio de historias inspiracionales que se hacen virales en Facebook) ofrece una visión de lo que pasa mucho tiempo después de los 30. Prueba que para algunas personas, los clubes pueden seguir siendo lugares positivos, que es posible crecer con la experiencia y no solo llegar a un punto donde te encuentras a ti mismo tratando de recrear la magia de lo que algún día fue. Es una semblanza de esperanza, en que si estás en esto por las razones correctas, entonces no será difícil. Que hay cosas nuevas que experimentar y que vas a encontrar una manera de seguir adelante.

Pareja de abuelitos farrean en el Fabric de Londres hasta las 5 a.m

Lo que se hizo bastante claro es que esta fue una conversación sobre alcohol y drogas, así como lo fue sobre la cultura club. Vale notar que la mayoría de los DJs parecen caer en dos categorías distintas. Están aquellos cuyas carreras son demasiado largas, sin límites, que solo se detienen a pasar al Mixmag Lab o a tomar siestas en playas Croatas; y están los que toman té verde en los decks y practican Budismo Theravada. Tiene sentido, ir de fiesta puede ser un ciclo (uno peligroso si no se tiene cuidado) y si no enfrentamos esa realidad en algún punto, nos arriesgamos a ser forzados a ir en contra de nuestra voluntad, pasando los 40, en un K-hole en el Reading Festival del 2034.

El problema es que confesar que no quieres salir y emborracharte es casi como admitir la derrota. Habla con alguien que haya dejado el alcohol este Enero y ellos te dirán cuantos de sus amigos les han dicho que "cierren la boca y compren un trago" cada vez que pueden. Tememos darle la espalda a "fiestalandia", pues esta es como un jardín de niños para los jóvenes, y dejarlo atrás se siente como ceder ante a vejez y aceptar la muerte. Puede que no haya vida después de la vida nocturna. Es solo que es difícil de admitir, que si tratas de hacer que el pasado dure más de su media esperanza de vida, va a tornarse malo y frío. Al principio las drogas van a hacerte sentir bien, pero después de harán sentir como una mierda. Como toda buena fruta, las memorias también se pudren.

El rango de experiencias contadas por las personas que contribuyeron a este artículo es totalmente variado. Algunos tuvieron que darle la espalda a fiestalandia juntos, otros todavía van tan duro como pueden, y el resto parece ir arreglándoselas bien. Sin embargo, todos convergen en las mismas preguntas esenciales: ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿cuánto tiempo más podré hacerlo? Si la respuesta de la primera es "drogas" entonces la respuesta de la segunda probablemente es "no por mucho tiempo", pero si el costo de todo esto va más allá, entonces hacerse viejo no significa el final.

Ya sea que cambies a Carl Cox por Brian Cox, lo mejor será en mantener contigo lo que es real y estar en paz con dejar ir el resto.

***


Sigue a THUMP Colombia en Facebook